En defensa del empirismo

 

27/02/19 –  Opinión – Guillermo Ferrer Sanchez de Movellan

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Hace algunos años, en junio de 2015, escribí un artículo titulado “En defensa de la razón”.  Lo poco después de unas elecciones andaluzas, creo recordar, preocupado por el cariz con el que había tomado el planteamiento de la campaña electoral.

No se confundan, no era un problema de insultos, de crispación, de aparición de partidos extremistas etc.  Era un problema del planteamiento estratégico, y en buena parte, social.  Nuestros responsables de comunicación de ese momento, y supongo que los de los demás partidos,  nos hacían hincapié en abandonar el razonamiento, y centrarnos en un mensaje exclusivamente emocional.  “puedes olvidar lo que dijeron, puedes olvidar lo que hicieron, pero no olvidaras lo que te hicieron sentir”, era una frase que se repetía no solo en los mentideros políticos, sino que se llegaba a escuchar como eslogan publicitario.

En aquel momento, en ese artículo, escrito más para mí mismo que para nadie, me planteaba el peligro de este planteamiento emocional. “está muy bien, pero  se les olvida la segunda parte: Que los actos y las decisiones tienen consecuencias. Que está muy bien sentirse feliz al tener un nuevo BMW, pero que hay que pagarlo todos los meses. Y que se queda uno muy a gusto votando al de Podemos para quitar al corrupto del PP (o al del PP para echar a esos “rojos”),  pero que luego ese señor va a ser el que te gobierne durante cuatro años.”

Evidentemente predicaba en el  desierto, y salvo por lo de los gobiernos de cuatro años, por desgracia no solo acerté, sino que me quede muy corto.

Ya no solo son los políticos los que apuntan a nuestro sentimentalismo para movernos a donde quieren.  Asociaciones de todo tipo (animalistas, defensores de la igualdad…) cogen un caso y se regodean en él, nos lo muestran hasta el mínimo detalle para provocar nuestro miedo, nuestra indignación, o nuestro cabreo, sin que nos paremos a pensar.

Y  la prensa, que deberían de ser los mayores defensores de la diferenciación entre información objetiva y opinión, son los mayores transmisores de este tipo de pensamiento.   Nos bombardean con sucesos aislados e irrelevantes para subir su cuenta de resultados a base de audiencias indignadas y de “clicks” morbosos.  ¿De verdad es una noticia en España que una persona maltrate a un perro en otro continente? ¿Qué sentido tiene que nos cuenten durante semanas a toda página y con todo tipo de detalle lo mal que vive una pobre persona en la otra punta del mundo?  ¿Por qué a un asesinato concreto de una mujer se le han dedicado literalmente decenas de horas en los medios, y a otros apenas se les dedican 3 minutos?   ¿Para que estemos informados?  No creo.

Y no se equivoquen: Hemos perdido.

La inmensa mayoría de la sociedad está muy cómoda en esta dinámica.  La gente no quiere saber. No quiere pensar. No quiere razonar.  Quiere que le confirmen lo que ya cree.  No quieren que le digan lo que ha hecho el líder de podemos o de vox.  Quieren que le digan lo malos que son esos fascistas/rojos.  La gente no quiere información sobre la inmigración.  Quieren que le digan que estos son unos racistas, o que aquellos les dan ayudas a los inmigrantes antes que a los españoles.

Y por eso, querido lector, he titulado mi artículo “en defensa del empirismo”.

Porque si usted forma parte de la “resistencia”, que no quiere que la manejen con sentimentalismos lacrimógenos o ser parte de las masas indignadas por la tontería de turno, solo le quedan un arma: El empirismo.

Por eso le pido que cada vez que le digan que tiene que asustarse  manifestarse por un crimen, usted piense… ¿Pero cuántos de estos suceden al año?  ¿Son más, o menos que en otros países como nosotros?  ¿Qué posibilidad estadística hay de que esto le pase a una persona?

Cada vez que a usted le pidan que firme para matar el sacrificio de X animales, piense ¿Cuáles son las consecuencias de no sacrificarlos? ¿Existen otras alternativas?

Cada vez que le cuenten una noticia de la otra punta del mundo pregúntese: Esto, por el número de gente implicada, por sus repercusiones, etc… ¿De verdad es una noticia que merezca salir en la prensa en España?

No caigamos en la dinámica sentimentaloide: “un solo caso es una tragedia”.  O mi favorito: “tiene que haber otra solución”.  Frases que quedan muy bien, pero que son totalmente ajenas a la realidad.  Porque en el mundo real que uno desee que haya otras opciones es irrelevante (desde luego no hace que esas otras soluciones aparezcan mágicamente), y a veces si no se toma la decisión desagradable las consecuencias después son peores.

Porque no vivimos en un cuento donde todo el universo come perdices y viven felices. El mal existe, y solo los idiotas se sorprenden por eso.  Una cosa es que te cuenten que el mal está ahí, y otra que busquen tu reacción emocional cuando nunca jamás vas a poder hacer nada.

Y conste: Cabrearse está muy bien.  Sentir miedo, o empatía, o ira, es lo que nos hace humanos.

El problema es dejarse llevar por estos sentimientos  sin pararse a pensar si deberíamos sentirnos así, o si el problema es que  determinada gente está buscando nuestro cabreo.  Y desde luego no actuar guiados por esos sentimientos sino pararse, analizar la situación, y ver si empíricamente  la realidad se corresponde a lo que nos están contando o no.

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