De mal en peor, ¿o no?

 

Pues ya estamos aquí otra vez. Si, me refiero, como todos habrán pensado, a las elecciones autonómicas andaluzas. Me surgen, pensando en ello, diversas y múltiples preguntas como ciudadano con derecho a voto en dichos comicios.

Primero me planteo, ¿Cuál es la gama de elección que me ofertan? ¿Habrá algo nuevo o viejo, pero realmente renovado? ¿Habrá alguna oferta que implique algo más que palabras?… En fin, esas preguntas que uno se hace o debería hacerse.

Llegados a este punto tengo que decir que me asaltan tentaciones de recurrir a, la tan de moda corriente de opinión, frases como “son todos iguales”, “la política es…”…, pero por suerte no me dejo llevar. Tentador y simplemente liberador por lo de excusa colectiva para autoexculparse de responsabilidad. Pero la cruda realidad es que en este “negocio” todos tenemos parte.

Me resisto a usar siglas, prefiero a estas alturas de la “película” referirme a responsabilidad, trabajo, aciertos, promesas, cumplimientos, coherencia y objetivos, y no en ese orden si es que importa. ¿Será cierto aquello que dijo Louis McHenry, aquello de “Nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado”? Quiero pensar que no, pero también me gustaría no tener que plantearme tal dilema y que la política no fuera profesión. Que la política fuera ese servicio que prestan ciudadanos libres en pos de solucionar los problemas de toda la ciudadanía desde posiciones distintas, pero con el objetivo último de solucionar problemas, y de una manera temporal y regulada, no hacer de la política un medio de vida y de poder personal. ¿Hablamos de redes clientelares?

Se me olvidaba, miento, el nepotismo. Aquella leyenda que hablaba de supuestos carnet que facilitaban la entrada, poco menos que, al “paraíso”. Pero lo “mejor” llega cuando te empiezas a dar cuenta de que no parece leyenda y al final no lo es. En fin, tenemos un problema serio a la hora de decidir a quien confiar la gestión de la administración de todos los andaluces. Y no lo digo desde el más profundo pesimismo, que también, lo digo por necesidad de tomar decisiones que van a marcar casi todos los ámbitos, hasta personales, de nuestra vida en próximos años.

Repasemos la oferta de manera general. Tenemos políticos que prometen lo que haga falta y que han demostrado en reiteradas ocasiones que cuando tienen la posibilidad de ejercer el poder nunca cumplen, al menos en una proporción aceptable de su cacareado programa cuando lo tienen y si no imrprovisan, tenemos por otro lado aquellos que nunca han podido demostrar si serían cumplidores, pero que prometen cuestiones de difícil credibilidad e incluso utilidad, y que difícilmente aportan puntos de vista constructivos. En común, casi todos ellos, tienen el frentismo, también tradicionalmente vivido, como forma de hacer “política” desde el dime que dices, que por ser tú, me opongo, el y tú más, etc.

Pero, ¿Hay algún problema real en esta nuestra tierra? La comparativa de la tasa de paro en cada una de las Comunidades Autónomas de España, según la EPA, sitúa a Andalucía en cifras alrededor del 22,9%, pero parece que no es un tema que motive a la ciudadanía, ¿será por aquello de que nos tienen entretenidos, divididos, confundidos y un poco, digamos, “cabreados” los unos contra los otros? ¿Pan y circo? No, imposible eso era con los romanos. Que raros somos aquellos que pensamos en una sociedad donde cada uno tenga cubiertos sus derechos como el derecho a un trabajo que le permita acceder, por sus propios medios, a todos los demás derechos, de manera justa y sobre todo con la dignidad de labrarse un camino vital propio.

¿Infraestructuras? esas que se hacen eternas en su puesta en servicio y que al final cuestan mucho más de lo que estaba previsto en sus presupuestos. Trenes que no acaban de llegar a su destino, sanidad en lucha constante  y educación en retroceso; solo mantenidas por la voluntad y trabajo, más allá de réditos partidistas-electoralistas, por unos magníficos profesionales hastiados de burocracias inútiles que solo sirven para dificultar su trabajo, sanitario y docente, y  como “cuentas de resultados” para las estadísticas oficiales de quienes justifican así su existencia en los organigramas de algún organismo oficial como cargos de confianza de designación singular o digital (antes dactilar).

Pues así andamos, ¿o no? Hay quien dice que todo “marcha perfecto” y otros que nada bien. Unos se lavan las manos y otros se las lavaron antes. ¿O será la cara? Hay hasta que parecen que piden perdón antes incluso de haber tenido oportunidad de “probar suerte” y hasta alguno que siendo los que tienen una muy buena y genuina oferta, con personas honestas y preparadas, fracasan porque nadie se enteró nunca de ello, por falta de experiencia en ese campo minado impermeable al sentido común. Un partido en el poder sustentado por otro que le critica justo antes de que llegue el momento táctico de una convocatoria electoral. En mi pueblo eso lo llamaban “paripé”.

Hay cosas que son gris oscuro, casi negras, pero también luces entre las sombras. Las luces son las gentes que ya están hartas de que les tomen el pelo con falsas promesas para solucionar problemas reales y soluciones a problemas artificiales e inexistentes más que en el diseño de algún sociólogo de la cuerda de quien esté de turno, o haya accedido al turno por rebotes de la fortuna, insospechados solo unos meses atrás. Para, por cierto, desgracia del poder meridional de quien también llegó a él por los azares del destino.

Me decía en ocasiones un amigo gaditano, que anda ahora por tierras al nordeste de España, más concretamente en un pueblecito de montaña no muy lejos de Barcelona capital, “Fernando, preguntar no es ofender. No te quedes con duda alguna, que si se ofenden es que algo ocultan”.

Pues eso preguntemos, preguntemos mucho, que para eso les pagamos a aquellos que libremente ejercen la política, y que además se atribuyen profesionalidad en su ejercicio. El que paga manda y ya nos cobran bastante bien, por cierto.

Por eso y llegado el momento, voten, voten ustedes, voten a quien quieran, pero por favor, no voten con las tripas, voten con la mente fría pensando en que invierten ustedes su futuro, o con mayor responsabilidad aún, con quien hipotecan el futuro de sus hijos. Nadie da duro por peseta, ni céntimo por euro.

No estamos para dejar pasar más oportunidades de elegir la opción que nos traiga de una vez coherencia, trabajo, responsabilidad, soluciones, y eso si, por favor, honradez. Nos va el futuro en ello porque en política pasa como en las matemáticas donde lo que no es totalmente correcto, está mal, como dijo Edward Kennedy, muy acertadamente en mi modesta opinión.

Publicado en La paseata 

2018-11-01 (3)

 

Un comentario en “De mal en peor, ¿o no?

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