DIGNIDAD

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08/06/2018 – Opinión – Essaí

En su acepción más generalista y, por tanto, más humana, el DRAE afirma que dignidad es “gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”, gravedad que se entiende máxima cuando la persona indicada es una persona jurídica de tan alto nivel como todo un Estado de Derecho como el que la Constitución de 1978 define y sanciona como Nación española, o sea, como pueblo soberano cuyo primer acto de soberanía fue, precisamente, aprobar muy mayoritariamente el texto de dicha carta magna mediante referéndum universal. Por cierto, que el 92,3% de los votos emitidos en Cataluña fue favorable a dicha Constitución, y me consta que ninguno de ellos fue arrancado a punta de pistola. Es decir, que la dignidad de todos y cada uno de los españoles fue depositada solemnemente por nuestros padres en ese contrato social que es nuestra constitución, lo que el grado de gravedad alcanzado con dicho gesto es insuperable. Además, quien tiene edad suficiente para recordar qué galas y qué actitud vistieron nuestros padres aquel día, sabrán que el grado de decoro fue, si cabe, mucho mayor. Grave y decorosa esperanza de excombatientes y niños de la guerra.

Salvando las distancias, hace una semana ya de una moción de censura que rindió a España una razón de alivio que algunos no han tardado en vender como genuina esperanza nacional; el mismo tiempo que hace de mi opinión personal en ese sentido, por encima de la censurable maniobra de oportunismo político que apestaba por todas sus costuras: España no podía continuar con un Presidente que presidía a un partido condenado por corrupción y que, para colmo, estaba gestionado una onerosa aplicación del artículo 155 de nuestra Constitución que ha sido un permanente amagar y no dar. Si eso comportaba tener que soportar un gobierno chopped, lo soportaríamos; si eso requería ver a RTVE dar un giro de 180º en tiempo record, lo asumiríamos; y si eso implicaba tener que aguantarle sus pataletas teatrales al sanedrín de Podemos, cosas peores llevamos haciendo desde que el Clan de la Ceja cobijó a su jefe en La Moncloa. Ahora bien, los acontecimientos de las últimas veinticuatro horas bien merecen una reacción rápida antes de que los demócratas de este país tengamos mucho que lamentar por inoperancia, candidez y comodidad, es decir, por cálculo electoral en la mayoría de los casos.

Sin embargo, dos acontecimientos recientes y seguidos en el tiempo evidencian que no hay esperanza. Ayer tarde, cincuenta energúmenos catalufos – no confundir con catalanes – arruinaron un acto de Sociedad Civil Catalana en homenaje a “Don Quijote de la Mancha”; y hoy, el flamante gobierno Sánchez ha retirado la intervención de las cuentas de la Generalidad de Cataluña. Ayer me emocioné con el solemne acto de dignidad de la asistencia al citado acto en la Universidad Autónoma de Barcelona gritando a coro “libertad”, pese a su indignante encierro en el salón de actos; y hoy me he indignado con un gobierno, presuntamente de izquierdas, que amenaza con hacer bueno a los gobiernos de Rodríguez Zapatero. Si se le achacó a Rajoy que amagase y no diese, abandonando a su suerte a los catalanes de bien, incluidos muchos aldeanistas que siempre han tenido en el respeto a la persona ajena la línea roja a no cruzar, de este gobierno ya no podemos esperar otra cosa que oportunista arbitrariedad y “sosteneos mientras convoco una elecciones que pueda ganar”. Podemos decir, pues, que el PSOE ha vuelto a elegir el tándem Largo Caballero – Prieto (Sánchez-Iceta) cuando España le ha vuelto a demandar un tándem De Los Ríos – Besteiro.

Alguien debería decirle a nuestro flamante presidente que la herencia debida no existe, pues basta con negarse a recibirla; así que, si él ha ido tan insistentemente en busca de dicha herencia, desde su toma de posesión es titular y responsable de hasta la última de las cuentas políticas pendientes de su antecesor, a las que habrá que añadir, por supuesto, que esos infames órganos de propaganda catalufos, insaciables inoculadores de odio cerval a todo lo que el I Reich Català dicte como español, que son los medios de comunicación públicos de Cataluña a cargo de los impuestos de todos los catalanes, continúan emponzoñando la convivencia catalana gracias a que Pedro Sánchez vetó su intervención estatal como condición para apoyar la aplicación del artículo 155 de nuestra Constitución. Desde hoy, no sólo cuentan con energías renovadas sino, además, con la garantía de que sus reichfürher gozarán de cuanto presupuesto sin control necesiten para continuar con su escalada racista, su tortura de la Historia, su linchamiento de la lengua oficial del Estado y sus labores de contraespionaje a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Porque ahora, lo que toca, es recibir en La Moncloa al presidente regional Joaquín Torra, el que ha exigido una entrevista de igual a igual que esta misma tarde le ha sido concedida, a falta de fecha, en aras de un diálogo que hasta el más tonto del lugar sabe que con los aldeanistas es literalmente imposible.

Se quejaba el PSOE de la oposición, hace días, que el ridículo nacional que estaba sufriendo España, a causa de la inoperancia de un gobierno de derechas que permitió la fuga de Puigdemont, nos estaba haciendo un daño irrecuperable a nivel internacional; se ve que tenderle la mano desde el Gobierno de la Nación, en nombre de España, a quien no para de mordértela en el nombre de la delincuencia institucional, la sedición, el desacato y el racismo callejero va a dejar a nuestro país con el pabellón bien alto en el imaginario colectivo mundial… Y puede que tenga razón, pero el pabellón nacional bien alto clavado de una pica en Flandes; o como profetizaba en 2016 Arturo Pérez Reverte, directos a hacer posible que, por comparación, José Luís Rodríguez Zapatero nos acabe pareciendo Winston Churchill. Y todo ello sin entrar a valorar cosas más prosaicas como que si el Sr. Sánchez, como Secretario General del PSOE le venía cobrando a su partido un 27% más de lo que el Sr. Rajoy nos venía costando a los españoles como Presidente del Gobierno, ¿debemos esperar que reduzca su nivel de ingresos o, por el contrario, debemos apresurarnos a justificar que engrose la nómina heredada de su antecesor?

Permítanme dudarlo, porque: ha prometido su cargo cargándose las promesas de poder más o menos explícitamente hechas a su socio principal, Podemos; tiene como Vicepresidente única del gobierno a una andaluza “pata negra” que acuñó para la Historia el aserto de “estamos gestionando dinero público y el dinero público no es de nadie”; ha nombrado Ministro de Administraciones Públicas a una diputada del PSC – no confundir con el PSOE – multada por el grupo parlamentario socialista por apoyar con su voto el derecho a la autodeterminación para Cataluña; ha elevado a la potestad de Ministro de Hacienda a la señora que como Consejera de Hacienda de la Junta de Andalucía ha puesto todas las trabas imaginables a la investigación judicial del “Caso ERE” y que, antes, como Consejera de Salud, aplicó una feroz política de tierra quemada en el Sistema Andaluz de Salud que los juzgados andaluces no tardarán mucho en entender, pues multitud de querellas y denuncias se agolpan en sus listas de tareas pendientes; pero es que ahora, para colmo, está lanzando el globo sonda de promover a la Fiscal Jefe de la Audiencia Provincial de Sevilla a la muy noble condición de Fiscal General del Estado, se ve que a modo de pago de favores prestados tanto en la licuefacción de la causa del Caso Ere, como en la jibarización del “Caso de los Cursos de Formación de la UGT”, que amenazaba ya con extenderse a muchas otras comunidades autónomas y, por supuesto, al empantanamiento en los juzgados de cuantas querellas y demandas se le están interponiendo a la Junta de Andalucía de esta última legislatura de Susana Díaz.

Y es que el optimismo en la casa de la Izquierda dura últimamente muy poco. Uno se esfuerza por quedarse con lo positivo para España de este soplo de aire fresco y la ventolera que trae te hace topar con la espesa polvareda que arrastra nuestro flamante Presidente del Gobierno: miembro del sumiso consejo de administración de la Bankia del agujero financiero abisal y las “tarjetas black”, disciplinado diputado que apoyó en Cortes la reforma del artículo 135 de nuestra Constitución, a requerimiento europeo, para garantizar el pago de la deuda soberana a los grandes acreedores financieros (los pequeños ahorradores de Bankia siguen esperando), aún más disciplinado diputado del Congreso a la hora de aprobar la congelación de las pensiones que auspició el gobierno de Zapatero e ilustrísimo inventor de la plurinacionalidad de España y su solución: reforma constitucional para convertirnos en una federación asimétrica, con lo cual, los principios irrenunciables de la izquierda – solidaridad, igualdad, libertad, justicia, unidad y Nación – pasan a beneficio de inventario en un presumible proceso de adecuación de la estructura territorial de España a la estructura federal del PSOE en la que, por cierto, el PSC es un partido político independiente.

Pues llamadme lo que queráis, pero esta dinámica política de salón fue la que me hizo abandonar el PSOE en 2014, antes de la tremenda sangría de militancia que iba a sufrir dicho partido con el cainismo feroz entre sanchistas y susanistas, algo así como un suresnes gollesco, a garrotazo limpio. Y conociendo el paño de primera mano, prefiero que me llaméis pesimista a que, a no mucho tardar, el tipo del espejo de mi cuarto de baño me pueda decir: “mírate, otro gilipollas más.”

¡Carpe diem!

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