AULLIDOS

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04/06/18 – Opinión – Essai

Me enervan las calmas chichas de España, nunca escondieron días de vinos y rosas tras sus pesados silencios.

Esta tarde, octogésimo segundo cumpleaños de mi suegra, con un sol resplandeciente de primaveral atmósfera lavada y temperatura preveraniega con una brisa de cierzo nada saludable, salvo por el contraste, me ha hecho pensar en ello una bandada de golondrinas arracimadas, de cacería, en los primeros tres metros de altura de la Plaza de Abd al-Malik. Los que fuimos niños de pueblo sabemos que ese comportamiento de las golondrinas predice tormentas, fenómenos de gota fría que suelen estropear más que arreglan, y tardes de “llover pa’rriba” en las que el ombligo del transeúnte es esa mesa redonda en la que las salpicaduras del suelo se dan encuentro con las salpicaduras que atraviesan el paraguas.

A dos días ya de la moción de censura que ha desalojado del Palacio de la Moncloa al capitán de uno de nuestros barcos piratas de la política, esta vez sin posibilidad de puerto franco en el reino de la Audiencia Nacional, y un día después de la toma de posesión del capitán de otro de nuestros barcos piratas nacionales, los medios de comunicación españoles siguen siendo los únicos en aullar a la luna de nuestro futuro inmediato, aullido incesante que enturbia más que aclara… Lo que es el pueblo llano, nadie dice palabra, pero todo el mundo te lo explica con la mirada torva y el rictus tenso: esto no es democracia, sino un canto a la impunidad de un neofeudalismo 2.0 en el que la Nación sólo somos figurantes.

Únicamente mi suegra, aglutinando el silencio general en torno a su comentario, ha sabido articular en la sobremesa la frase maldita: “¿y ahora qué?”; y me ha dolido comprobar que únicamente una miembro de la generación que nos legó la Constitución de 1978, con su hoja de servicios al mundo más que rellena, ha tenido a bien hacerse esa pregunta ante tanto título universitario silenciado de adocenamiento posmoderno. Únicamente la abuela ha sido capaz de preguntar por el futuro inmediato de sus nietos delante de una docena de padres que han amorrado la cabeza deseando que la pregunta rebote en frente ajena, que seguro dolería menos. Tan sólo yo me he escuchado decir: “así no, Paquita, así no”; porque en cualquier democracia que se respete a sí misma, que prospere una higiénica moción de censura, contra un gobierno judicialmente desacreditado, debería comportar un ínterin gubernamental cuyo único objetivo fuese la convocatoria inmediata de elecciones generales conforme a los plazos y formas de la legislación vigente.

Sin embargo, más entregados que nunca a los aldeanistas periféricos y a los neocomunistas sacerdotales, la única respuesta social a tan grave evento ha sido una batahola de artículos de información y de opinión arrimando el ascua cada vez más a sus dispares sardinas; como digo, escandalera de ladridos a la luna de nuestro incierto mañana mismo y, en conjunto, un esfuerzo coral de desinformación nacional que únicamente está contribuyendo a acumular más incertidumbre y estrés en un cuerpo social a punto de desgoznarse bajo el creciente peso de su falta de esperanza. Porque produce bastante desesperanza ver al nuevo capitán pirata presa de corsarios de medio pelo, cada uno de su madre y de su padre, pero todos reclamando su parte del botín antes siquiera de mover un dedo para que el barco pueda hacerse a la mar. Y en contraposición, tambores de guerra costeros anunciando que el bajel a punto de partir jamás podrá retornar a puerto franco. Si quedaba por regalar algún bastión a la derecha más rancia, ese acaba de ser rendido mediante el más irresponsable de los abandonos.

No sé cómo se verá la cuestión al norte de Despeñaperros, pero aquí, al sur, no nos esperamos nada bueno. Atenazados por un régimen soçias de 37 años ya, con su comisariado político extendido como una metástasis hasta el último de los intersticios de la sociedad andaluza, con un gobierno regional comandado por una pupila de la vieja guardia visceralmente enfrentada a nuestro flamante presidente del Gobierno y con uno de los mayores casos de corrupción política e institucional en plena judialización, el ruido de sables es demasiado intenso como para que pueda ocultarse con el embozo de la espesa capa castellana. Sobre todo, porque otra de las patas de banco de la corrupción soçias andaluza, la de los cursos de formación de la UGT, amenaza con poner en evidencia que esa práctica irregular de financiación no es andaluza, sino genuinamente hispana y, por tanto, salpicaría en casi todos los portales del poder regional español.

Muy mal debe pintar la cosa para que los diseñadores de este lamentable estado de cosas, allá por la década de los ochenta del siglo pasado, anden prodigándose por los medios de comunicación intentando taponar a marchas forzadas cada nueva vía de agua que sus cachorros intelectuales abren en el casco del bajel, a cada ocasión más por debajo de la línea de flotación. Y reclaman unidad e internacionalismo como fundamentos de la izquierda cuando ellos, tocados por el púrpura del poder, hicieron de la paulatina taifalización de España su modus vivendi y jibarizaron la internacionalización de nuestra izquierda hasta la triste condición de un mero sestéo político sobre el mullido almohadón de la socialdemocracia europea. Bienvenidos, pues, al reconocimiento de que “a la fuerza ahorcan”, pero se echa de menos, en esas viejas glorias, un sincero acto de contrición como paso previo al cumplimiento de penitencia que podría alcanzarles el perdón de la Historia: dejarse de tantos micrófonos y cámaras y plantar la última de sus batallas en el corazón mismo de sus respectivas formaciones políticas.

Y, por la parte que me coge más cercana, yo les pediría a guerras, borrelles y leguinas menos pontificados, andando de puntillas sobre las aguas del charco político nacional, y más concitar una creíble respuesta autoinmune en las corrompidas entrañas del PSOE; porque vamos a estrenar un gobierno que, como no se vea obligado por propios y extraños a convocar elecciones generales para después del verano, como muy tarde, va a acabar con el último atisbo de esperanza social en el sistema político que nuestros padres nos legaron y ellos tan alegremente han degradado.

Y todo ello con las arriscadas minorías aldeanas periféricas con verdadero mando en plaza. Ya ha adelantado el PNV que hay que acabar la legislatura…

¡Carpe diem!

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