Prisas

 

cropped-foto-busto

27/05/18 – Opinión – Essai

 

Aparte de un grupo de presión mediática formidable en su día, dice nuestro diccionario oficial que “prisa” es “necesidad o deseo de ejecutar algo con urgencia”, mientras que nuestra hemeroteca patria nos asegura que prisa es el estado real de nuestra convivencia nacional: el PP tiene prisa porque los jueces aparten de él el cáliz de tanta sangre económica chupada; el PSOE tiene prisa porque el PP apure el cáliz hasta el fondo y no quede más cicuta que tomar, no sea que le toque saborearla a él mismo; Ciudadanos tiene prisa porque los dos grandes apuren todos los cálices a ver si así se les queda expedito el camino de vino y rosas que lleva a La Moncloa; Podemos tiene prisas porque el cáliz urbanístico de su sanedrín más bien pronto que tarde mude hacia cálices que les parecen más livianos, como los que empiezan a apurar en el P-P-SOE, que ahora saben de la erótica del poder y eso les pone y mucho; el PNV tiene prisa por rellenar con hiel y espinas el cáliz independentista catalán que no quiere probar el PP, pues durante cuarenta años les ha ido muy bien sirviéndose de cálices que forjan otros; el independentismo catalufo tiene prisas porque su proceso evite que el muy “deshonorable”, en un arrebato propio de su provecta edad, tire de la manta y fastidie el negocio dejando al descubierto las cloacas del Estado; y las comunidades autónomas tienen prisa por asegurarse de que, con tantas prisas ajenas, a nadie se le olvide mantener rebosante el pesebre presupuestario del que vive cada una con su regionalismo caciquil, tan productivo para los suyos.

            Todo es prisa en España; y tanta es la prisa que ya se le está contagiando a Europa, que cada día tiene más prisa porque España sea más productiva, cualquier cosa que signifique eso para sus negras señorías, congele las pensiones y se sume a la política ambiente de privatización de las jubilaciones, sacrifique honra y barcos en el altar de ese equilibrio presupuestario que la propia Unión Europea es la primera en saltarse a la torera y siga pagando en dignidad y honra el haber dejado de ser el mayor imperio jamás conocido y, por tanto, gigantesco árbol caído del que todavía se puede continuar haciendo leña. Y son tantas las prisas europeas que, llevados en alas de sus propios prejuicios, están incurriendo en desatinos que amenazan con convertir el solar europeo en un nuevo cenagal de sangre… Ya decían mis mayores que las prisas no son buenas, acortan la perspectiva y nublan el juicio, derivando en una carrera desbocada que casi nunca encuentra freno suficiente para escapar al trompazo en la pared de fondo que todo callejón sin salida suele tener, más gruesa, sólida y elevada cuanto más oscuro y desaconsejable es el callejón. Así, con tanta prisa, estamos pasando por alto que el localismo provinciano y vecindón encuentra cada vez más feligreses entre los apátridas producidos y contabilizados como inevitables daños colaterales de nuestras prisas y, qué casualidad, todas ellas masas marginales abducidas por las caducas falsas promesas de ricos, y nuevos ricos, dispuestos a sacar buena tajada política de tantas y tan desbocadas prisas.

            Y con ser mala la prisa, señora enervada y enervante de sus soledades viscerales, mucho peor es su hijo bastardo, el estrés, ansioso quinto caballero del apocalipsis que aún no ha comprendido que jamás será admitido en tan lúgubre horda, montando, como va, un triste jumento cuya tosca albarda le desuella las pelotas y su escasa alzada le desportilla las uñas de los pies con todas y cada una de las piedras del accidentado camino. Y ese estrés, esa “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”, la derecha lo sobrelleva en balnearios y cruceros, mientras que la izquierda lo acumula en su tejido adiposo como nuestro cuerpo hace con las toxinas. Y esa izquierda, requetemicronizada por el estrés hasta la atomización más exangüe, triturada en el mortero ideológico de sus propias prisas por hacerse con el poder, se niega a comprender que no se puede jugar al juego del poder, en el campo del poder, con las reglas del poder y con árbitros impuestos por el poder, porque, necesariamente, acabas pareciéndote tanto a esa derecha instalada en el poder que más pronto que tarde acabas no pudiendo reconocerte en tu propio espejo. Y lo peor, es que esta pijiprogresía nuestra se mira al espejo cada mañana y se niega a asumir las patas de gallo que le dibujan el patetismo y el ridículo… ¿Y nos quejamos de la desafección popular?

            Señores, la izquierda nació dando más el que más tenía: conocimiento, el mejor tratado académicamente por la vida; bienes, solidariamente, los mejor tratados por el devenir de sus duros tiempos; fuerza los más enteros de espíritu; y pundonor los muchos que no tenían más haber que su resistencia, propia de semiesclavos hartos a palos. La izquierda arraigó en la sociedad dando el trigo de su ejemplo antes de predicar el credo de su utopía y creció mirando a sus interlocutores a los ojos, cara a cara, haciéndoles protagonistas de su propia redención social y política, luego jurídica. La izquierda ganó a pulso la Europa del bienestar pagando cara hasta la menor de sus reconquistas sociales, derechos perdidos a girones en la inclemencia del tiempo desde que el Conflicto Neolítico cayó rendido a los pies de las élites locales. En definitiva, la izquierda fue revolucionaria porque en su propio seno igualó al potentado con el menesteroso, al docto con el iletrado, al artista con el obrero, al urbanita con el campesino y hasta al agnóstico con el creyente, haciéndoles reconocerse iguales pese a la desigualdad impuesta por sus circunstancias biográficas, todas adquiridas, ninguna natural, que podían ser fácilmente corregidas con la ayuda de la fuerza más incontenible de la Naturaleza: la voluntad humana. Y fue el sentido común el campo de encuentro de todas aquellas reconquistadores cuyo legado hoy estamos malogrando con nuestro aburguesamiento más o menos entusiasta.

            Por todo eso, siento un enorme aburrimiento cuando tanto conciudadano bienintencionado me aborda para reconstruir la izquierda desde postulados aritméticos, electoralistas y mercadotécnicos. No puedo evitarlo. Cuando escucho esos argumentos recuerdo aquella frase que se le imputa a Albert Einstein: “es estúpido repetir sin cesar un mismo experimento esperando que cambie el resultado”. Y me duele, en lo más íntimo de mi ser, comprobar que los “brotes verdes” de la nueva izquierda del s. XXI ya vienen amarilleando de prisas; porque hay todo un espeso reverdecer de la izquierda, a qué negarlo, pero tristemente abigarrado a la densa sombra del árbol neoliberal que ocupa todo el espacio mediático e institucional, ya sea por derecho o ya por imagen especular de aquellos a los que le viene de casta no vernos más allá del grosor de nuestras billeteras.

            ¿Cabe en España y en Europa una izquierda sin prisa…?

            ¡Carpe diem!

essai6811

            Aparte de un grupo de presión mediática formidable en su día, dice nuestro diccionario oficial que “prisa” es “necesidad o deseo de ejecutar algo con urgencia”, mientras que nuestra hemeroteca patria nos asegura que prisa es el estado real de nuestra convivencia nacional: el PP tiene prisa porque los jueces aparten de él el cáliz de tanta sangre económica chupada; el PSOE tiene prisa porque el PP apure el cáliz hasta el fondo y no quede más cicuta que tomar, no sea que le toque saborearla a él mismo; Ciudadanos tiene prisa porque los dos grandes apuren todos los cálices a ver si así se les queda expedito el camino de vino y rosas que lleva a La Moncloa; Podemos tiene prisas porque el cáliz urbanístico de su sanedrín más bien pronto que tarde mude hacia cálices que les parecen más livianos, como los que empiezan a apurar en…

Ver la entrada original 1.013 palabras más

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s