RABIA

 

IMGP5025

 

16/05/18 – Opinión – Essaí

 

Asegura nuestro socorrido D.R.A.E. que rabia es “ira, enojo, enfado grande” y la experiencia nos enseña que se trata de una emoción tan socialmente lesiva que nuestro léxico establece una gradación de escala, es decir, de un mínimo a un máximo, a saber: lo que comienza como rabia, puede continuar como ira y acabar peligrosamente en cólera desatada. Por tanto, hablamos de una gradación emocional que interfiere con el metabolismo de las catecolaminas, de las que la adrenalina es el peligroso resorte neuroquímico que establece esa gradación consecuencial entre: rabia, que suele acabar en protesta y reproche; ira, que suele terminar en protesta airada, proclive al resentimiento; y cólera, que siempre explota como violencia ciega desatada contra el objeto de nuestro enojo. Es por eso que la situación actual de Cataluña quiero verla como simple rabia contenida y, por tanto, un proceso reversible y sanable, en el futuro inmediato, que siempre aspira a la debida rectificación del ofensor.

Sin embargo, contra mis anhelos, los acontecimientos de Cataluña apuntan a un nivel de intereses inconfesables que, usados como gasolina con la que ir apagando todos los incendios que nos salgan al paso, marcan una senda oscura de descenso a la cólera social incontenible. Porque no hay que olvidar que estamos hablando de que un 45% de la población catalana, siendo generosos – no debemos omitir que gran parte del apoyo electoral al secesionismo ha sido y es meramente circunstancial y, por tanto, susceptible de decaer conforme el proceso demuestre su verdadera naturaleza –, pretende imponer por las bravas un apartheid a la mediterránea al 55% de la población restante; y, lo que es peor, imponiendo su estafa ética e intelectual al 95% de la población nacional y endosando la factura podrida de sus consecuencias políticas a más del 99% de la población europea. No es precisamente para cogérsela con papel de fumar, pues que estamos hablando de dejar que prenda una mecha que pueda convertir a Europa entera en un polvorín.

Conviene recordar que ayer se eligió como presidente autonómico a un frenopático montaraz racista, supremacista y servil como cualquier Waffen SS lo fuera en otra época con su fürher, hasta el punto de que él mismo afirmó en sede parlamentaria que es un rebelde que viene a calentarle el sillón a un prófugo de la Justicia mediante la duplicación institucional de Cataluña, con un discurso político de posguerra y con una contumaz disposición a la dispensación del anatema contra todo el que no transija con su pedigrí de cloaca. Conviene recordarlo porque, para mal, comanda un cuerpo armado de 17.000 policías autonómicos de los que al menos el 40% son recalcitrantemente secesionistas, que va a restituir en su cargo al Mayor encausado por sedición por todos los nauseabundos acontecimientos del 1 de Octubre y que se sabe que han recibido, en no pocos casos, entrenamiento paramilitar. Y conviene no olvidar que es ya, de facto, el “comandante en jefe” de unos sobredimensionados medios de comunicación públicos que, a más de destilar constantemente incitación al odio desde hace años, han llegado a ser usados como mecanismos de espionaje, obstrucción y acoso de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que acudieron a restablecer el orden constitucional en Cataluña (pese a que el propio Estado los mantuvo patéticamente refrenados hasta el escarnio nacional).

Se sabe, además, que se están abriendo las arcas públicas a la financiación fraudulenta de los llamados Comités de Defensa de la República, montonera juvenil “anticapitalista” que lleva meses acosando las universidades y los espacios públicos catalanes en una vieja estrategia de presión social que sólo tiene un objetivo de libro: encontrar un mártir entre los suyos que justifique un desbocado sentimiento de venganza y una terrible sed de sangre. No hace mucho que algo así vivió Ruanda entre hutus y tutsis. Y no exagero, porque ya menudean los autodenominados Grupos de Defensa y Resistencia, supuestamente de ideología contraria (si es que en los extremismos pervive ideología alguna), que han comenzado a entrarles al trapo, descarada y organizadamente, ante la impasibilidad de una policía autonómica fracturada, mal organizada y peor mandada. Luego, el escenario está dispuesto. Únicamente nos falta la primera gota de sangre que sirva de chispa para prender la mecha de semejante polvorín social… ¿Y los demás qué estamos haciendo entretanto?.

Los demás estamos a por uvas independientemente de siglas, seres y estares: el PP y el PSOE, rehenes de sus intereses inconfesables y las menos aún confesables conexiones de sus miserias con las del clan Pujol, se pasan la vida amagando y no dando, como si una constitución democrática fuese mero título y blasón que viste mucho sin exigir defensa alguna; Ciudadanos, jugando a ser Çiutadans en su tierra, esperando de este descalabro el trampolín definitivo para su asalto al poder institucional, principio de su prometedora carrera neoliberal; Podemos, en su tónica, dando una homilía distinta en cada parroquia, pese a que su liturgia tiene siempre como hilo conductor amigarse con esos hombres de paz que viven para y por destruir a la vieja España, esa que el sumo sacerdote podemita no puede nombrar; Izquierda Unida buscando el modo de recular a tiempo, no sea que lleven razón las últimas encuestas y lo que no consiguió el franquismo, ni después la democracia, lo consiga la caída en desgracia de los morados; y el cinturón de asteroides de la izquierda constitucionalista fragmentaria, yendo con flores a María, en pos de una deseable unificación de la izquierda que muere tras cada café de cortesía, cuando toca hablar de quienes la tienen más grande… Bueno, también estamos el pueblo llano, pero en el capítulo de “figurantes y pagafantas varios”.

Mientras tanto, la rabia se extiende por nuestra curtida Piel de Toro como una mancha de aceite sobre papel de estraza: lo catalán recuerda a lo vasco, alimentado por la actual OPA jeltzale al Reino de Navarra, al tiempo que España entera se pasma de la vorágine imperialista que arma a ambos procesos soberanistas; y lo peor, el contagio en el fondo y las formas que está alcanzando al resto de reinos taifas peninsulares, con la Galicia del PP a la cabeza. ¿Nadie se ha dado cuenta que es raro el andaluz, el extremeño, el manchego o el asturiano que no tenga familiares vivos en Cataluña? ¿Nadie de entre las nutridas mesnadas de asesores monclovitas ha caído en la cuenta de que las mentiras, además de costosas de mantener, acaban siendo cogidas como lo que son, interesadas mentiras? ¿Ninguno de nuestros áureos próceres patrios ha caído en la cuenta de que la Constitución de 1978 impone, que no habilita, impone a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado la defensa de la unidad nacional? ¿Alguien en su sano juicio se ha parado a pensar que esa guerra civil que tanto nos gusta mencionar electoralistamente ocurrió de verdad y alzó a padre contra hijo y a hermano contra hermano? ¿Hay vida inteligente en alguna de nuestras costosas, duplicadas y obsolescentes instituciones parasitadas hasta los tuétanos por esta patética conjura de los necios? ¿Ni un ápice de sentido común asiste a las cabezas visibles del Poder Ejecutivo español, ese que quedó constituido con el mandato imperativo de cumplir y hacer cumplir la Constitución?

Desde luego, Spain is different hasta para hacer el ridículo; pero seguimos siendo la correosa nación de hijos del agobio, con arranque de burro y parada de caballo, que hizo temblar imperios y fue capaz de sostener el mayor imperio jamás conocido. Peligrosamente, somos un pueblo, con un especial gusto por la sangre, que no acostumbra a avisar de cuándo va a entrar a degüello. Avisados estamos.

¡Carpe diem!

 

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