El regreso de los aventureros cuerdos – elasterisco.es – Opiniones y notas al margen

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Un viejo amigo -que no compañero de partido- me exhorta de manera reiterada: “Debes insistir, debes recordar lo que hicisteis, nos lo debes a quienes os dimos la confianza, nuestra apuesta no puede quedar en el olvido…”. Yo siempre le digo que ya publiqué un libro en el que se explica cómo la historia de España de los últimos ocho años pasaba a través de nuestra propia historia… Él persevera: “Nos lo debes…”.

Decía Carlos Martínez Gorriarán que siempre fuimos un partido de renunciantes. Renunciamos a la comodidad de defender sólo lo “políticamente correcto”; renunciamos a privilegios; renunciamos a guardar silencio sobre los temas que eran tabú; renunciamos al fundamentalismo; renunciamos a los discursos populistas; renunciamos a calcular el rédito electoral ante cada una de nuestras decisiones o propuestas; renunciamos al tutelaje de los poderosos; renunciamos a ser un partido más… Quizá tenga razón mi amigo cuando dice que a lo único que no debemos renunciar es a conservar la memoria. Quizá tenga razón y los más de un millón de españoles que un día se embarcaron en la aventura dándonos su voto y prestándonos su confianza merezcan un recuerdo y un agradecimiento. Así que aquí estoy, dispuesta a repasar brevemente la historia de los Aventureros Cuerdos, su razón de existir, sus ilusiones, su compromiso, su amor a España.

Fuimos lo que hicimos; nuestros hechos nos hicieron diferentes

Fuimos lo que hicimos; nuestros hechos nos hicieron diferentes. Nuestra historia es la historia de unos hombres y mujeres que lucharon por defender lo justo sin preocuparse por saber si eso sería lo rentable. Nuestra historia es la historia de un éxito político que no tuvo correspondencia electoral. Sostengo que los Aventureros Cuerdos triunfamos políticamente porque fuimos nosotros quienes pusimos en la agenda política todas las grandes cuestiones que eran tabú en España hace tan solo ocho años, desde la lucha contra la corrupción institucionalizada, la regeneración democrática, la independencia de la Justicia, el fin de los privilegios políticos, la reforma de la Ley Electoral, el adelgazamiento institucional… hasta la reforma de la Constitución.

Fuimos los Aventureros Cuerdos quienes planteamos la necesidad de superar el bipartidismo para romper el eterno empate a cero entre dos partidos agotados que agotaban a España. Y se podría decir que somos un ejemplo vivo de que a lo largo de la historia solo en rarísimas ocasiones triunfan a la vez las ideas y las personas que las representan.

Quizá llegamos antes de tiempo para nosotros, pero no para España

Fuimos una rara combinación entre radicalismo e institucionalidad: radicales en el fondo, en las propuestas que defendíamos, y moderados en las formas, respetuosos con las instituciones y los poderes del Estado. Dicen algunos -que no quieren admitir el acoso y derribo al que fuimos sometidos- que nos faltó cintura, mano izquierda. Es una forma de decir que no nos comportamos como los demás partidos, que no fuimos “flexibles” ante los poderosos… Tienen razón: fuimos demasiado claros, demasiado directos, demasiado autónomos. Quizá llegamos antes de tiempo para rentabilizar electoralmente esa forma de hacer política; quizá llegamos antes de tiempo para nosotros, pero no para España.

Parece que en el corto plazo está condenado al fracaso hacer política sin pensar en el inmediato resultado electoral. Pero los Aventureros Cuerdos nunca supimos hacer otra cosa que sembrar el campo con lo mejor de nuestras semillas sin preocuparnos por quién haría la recolección. Pensamos en España, no en nosotros; ni siquiera en todos esos votantes que hoy dicen sentirse huérfanos pero que, como mi amigo, están orgullosos por lo que hicimos gracias a su apoyo.

Decidimos asumir ese riesgo sabiendo que el sistema fomenta partidos dóciles y provoca partidos antisistema

No elegimos ser más flexibles, más maleables; no elegimos adaptarnos a las pretensiones del establishment para tener éxito. Elegimos hacer las cosas que no hacía nadie y que hacían falta sin calcular la rentabilidad electoral. Decidimos asumir ese riesgo sabiendo que el sistema fomenta partidos dóciles y provoca partidos antisistema. Nosotros no fuimos ni lo uno ni lo otro: fuimos radicalmente transformadores y radicalmente institucionales. Elegimos cambiar radicalmente las instituciones y la política, pero hicimos nuestro trabajo desde dentro de las instituciones, sin dejar de reivindicar el valor de la política y de las instituciones políticas. Éramos insiders; y quizá fue eso lo que más miedo les dio.

Como explico en el último capítulo de Los Aventureros Cuerdos, nacimos para ayudar a construir un país en el que todos fuéramos ciudadanos por entero y no españoles a medias. Y fuimos fieles a nuestro compromiso en unos momentos en los que se puso en riesgo la unidad de España, garantía de nuestra igualdad de derechos como ciudadanos.

No creo que debamos arrepentirnos por haber liderado la regeneración democrática e impulsado la superación del bipartidismo, aunque no tuviéramos rentabilidad electoral por ello.

No debemos arrepentirnos por haber seguido librando batallas poco “rentables”, como por ejemplo la batalla contra la impunidad de ETA.

No debemos arrepentirnos por haber denunciado en solitario la corrupción institucionalizada cuando los partidos responsables de ella aún acariciaban la idea de lograr un pacto para taparse mutuamente las vergüenzas.

Creo que debemos enorgullecernos por haber exigido que la Educación, la Sanidad y la Justicia fueran competencias del Estado indelegables, a pesar de que eso fue determinante en nuestro devenir y nos granjeó la enemistad de los dirigentes de los chiringuitos regionales y todas las baronías de los partidos políticos, no solo de los viejos sino también de los que aparecían como nuevos.

No debemos arrepentirnos por habernos quedado solos defendiendo el fin de los privilegios fiscales del País Vasco y Navarra. O por haber denunciado, también en solitario, la politización de la justicia, a pesar de que quienes configuran los órganos politizados y quienes los han nombrado aún hoy nos la tengan jurada.

Fuimos los únicos que tuvimos el valor de explicar lo obvio: que los países se desmoronan cuando falla la cohesión

Creo no equivocarme si afirmo que los Aventureros Cuerdos no nos arrepentimos por haber hecho política con mayúsculas mientras en España se rompía la incipiente comunidad política. Siempre huimos de los fundamentalismos y de los frentes que amenazaban – y amenazan- con profundizar en la ruina y acelerar la ruptura de nuestro país. Y creo que podemos estar muy orgullosos por haber demandado- siempre en solitario, sin el apoyo de los partidos, los sindicatos, los empresarios, los prescriptores de opinión, los medios de comunicación…- que se pusieran en marcha todos los mecanismos constitucionales para evitar el golpe de Estado que se ha producido en Cataluña mientras los partidos y los poderes económicos seguían con sus cálculos e intentos de componendas. Fuimos los únicos que tuvimos el valor de explicar lo obvio: que los países se desmoronan cuando falla la cohesión, que la democracia no se basa en el tribalismo o las emociones sino en el derecho y la ciudadanía; y que lo que pasaba en Cataluña iba a poner en riesgo no solo la convivencia entre catalanes sino la propia democracia. Y que sin ley no hay democracia. Cuando todos lo demonizaban, pedimos la aplicación del artículo 155 para proteger el interés general y el pluralismo político. Cuando todos miraban para otro lado, llevamos a los tribunales a los convocantes del primer referéndum inconstitucional, aquel ya aparentemente lejano 9N que algunos de los actores políticos de moda prefieren olvidar para que nadie les recuerde lo que no hicieron.

Siempre supimos que no iba a ser fácil; y que en un país como España es mucho menos arriesgado ir por detrás de la gente; pero para eso no hace falta la política, para eso ya está la demoscopia

Por todo esto – y más-, querido amigo que insistes en que escriba para mantener la memoria (¿quién dijo aquello de que los españoles tenemos poca memoria para la historia y demasiado rencor para el recuerdo?), te diré que no nos arrepentimos de haber ido a los tribunales para que los delincuentes -ya sean económicos o políticos, ya nos roben con las preferentes o nuestro derecho a decidir el futuro de nuestro país- no salgan impunes. Y también quiero decirte que no estamos decepcionados por que cumplir con nuestra obligación no nos haya dado ni un voto a la vez que nos ha granjeado poderosos enemigos. Nacimos para hacer lo que había que hacer, para ir por delante de los ciudadanos, para provocar cambios. Siempre supimos que no iba a ser fácil; y que en un país como España es mucho menos arriesgado ir por detrás de la gente; pero para eso no hace falta la política, para eso ya está la demoscopia.

Si se mira la historia con una cierta perspectiva es fácil descubrir que es una falacia eso de que para influir en los cambios sociales hay que ganar elecciones; porque en los ocho años en los que estuvimos en patente minoría en las instituciones, provocando unanimidades en contra con todas las propuestas tan sensibles para los partidos políticos como necesarias para España, hemos influido más en los cambios que hoy se viven en nuestra sociedad que el resto de partidos juntos. Porque la tozuda realidad demuestra que quienes han atesorado mayorías alternativas y los que aparecen hoy como nuevos han frenado o nunca han hecho nada para regenerar la democracia, para luchar contra la corrupción, para despolitizar los órganos de la justicia o para defender el pluralismo político. Hoy, gracias a que antes nosotros estuvimos ahí, todos están obligados a enfrentarse a esos debates.

Acabo, querido e insistente amigo. Reivindico nuestra memoria, la de los Aventureros Cuerdos, ese grupo humano que siempre hizo lo que creyó que había que hacer desde la convicción de que los españoles a los que representaban se lo merecían. Lo hicimos aún a sabiendas de que esa actitud no nos iba a dar fácilmente rédito electoral. Lo hicimos aún a pesar de que eso frustró algunas legítimas aspiraciones de personas de nuestro entorno; lo hicimos porque nuestra prioridad siempre fue responder a las necesidades de los ciudadanos españoles, porque siempre nos interesó más el futuro de nuestro país que nuestro futuro.

Hicimos nuestro trabajo lo mejor que pudimos. Lo hicimos con honestidad, con coherencia, con transparencia. Demostramos que el cómo es tan importante como el qué. Y eso, hacer política con honor, es lo que nos hizo diferentes.

Un abrazo a todos los Aventureros Cuerdos. Y a todos los que soplaron las velas, siguieron nuestra singladura y la hicieron posible.

Y a todos los que me preguntan, empezando por mi amigo, si los Aventureros Cuerdos emprenderán de nuevo la aventura de soñar un país y crear un partido solo les puedo decir que quien tiene alma de aventurero no se jubila jamás. A veces fleta una nueva nave… y otras veces pasa el testigo. La aventura cuerda, en todo caso, continúa.

 

 

Siempre supimos que no iba a ser fácil; y que en un país como España es mucho menos arriesgado ir por detrás de la gente; pero para eso no hace falta la política, para eso ya está la demoscopia – El regreso de los aventureros cuerdos

Origen: El regreso de los aventureros cuerdos – elasterisco.es – Opiniones y notas al margen

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