¿Memoria?

 

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11/03/18 – Opinión – Essaí

Asegura la Ley de Murphy que todo lo malo es susceptible de empeorar y, si fue malo el falso debate que puso de moda en España el zapaterismo, monarquía/república, para tapar las muchas desvergüenzas de su degradante aburguesamiento, peor es la sangrante ocurrencia de su sanchecismo sucesor – que suena a catecismo – el cual, para hacerle la guerra electoral a un podemismo políticamente irracional y socialmente resentido, se ha echado al monte de la memoria histórica para aparentar que es lo que hace veinte años que no es: Izquierda. Y la respuesta no se ha hecho esperar: más de 150 intelectuales españoles de todo el arco ideológico, entre ellos militantes de Izquierda de la talla de Fernando Savater, represaliado por el franquismo, o de la relevancia política de Joaquín Leguina, expresidente de la Comunidad de Madrid con el PSOE, han puesto oportunamente a caer de un burro a todos estos pijiprogres rojeras que únicamente viven para autoperpetuarse en el poder al grito revanchista de “ahora nos toca a nosotros”, con que sus mayores llegaron al Gobierno de la Nación en 1982, pero con muchas menos: valía intelectual, autoridad moral e idea política de España. Definitivamente, si Zapatero fue el brutus del PSOE, Sánchez-Castejón va a ser su enterrador.

            Obviamente, arriadas y quemadas todas las banderas políticas de la Izquierda, lo único que nos queda es la batalla sofismática a cara de perro por la defensa de una cuota electoral puesta en entredicho por esa pseudoizquierda reaccionaria, escatológica y populista que representa Podemos y que únicamente está para escalar el poder al grito de “divide y vencerás” desde su salmódica liturgia sectaria del “cuanto peor (los demás), mejor (nosotros)”; y, consecuentemente, la derecha está encantada de haberse conocido en medio de este infumable estado de cosas, pues que, centrada la izquierda aburguesada en competir con la izquierda necrofílica en el río revuelto de las bajas pasiones y las crecientes carencias del proletariado moderno, el no hace tanto bautizado precariado, tienen el camino expedito para regenerarse de su naturaleza corrupta y su negro futuro judicial por la vía de la autodigestión política controlada, que no otra cosa es el papel histórico de esa derecha neoliberal tan telegénica y mamporrera que es Ciudadanos: primero, inventamos la nueva herramienta política privilegiar: la vía naranja; luego, la dotamos de presupuesto sin límite al tiempo que abandonamos a su suerte la carca vía muerta azul; después, apostamos fuerte porque la vía naranja supere en escaños a la vía azul en el Congreso de los Diputados; y, finalmente, nos damos el gusto de ingeniería social de ver cómo los militantes populares se van pasando a las filas naranjas con tropas, pertrechos y redes clientelares. Mientras tanto, España puede esperar, que un país sin discurso de izquierdas es un rebaño enteramente entregado a los arbitrios de la derecha pastoril.

            Yo me considero de izquierdas, aunque eso es algo que se demuestra día a día, pues que las palabras se las lleva el viento; por eso abomino de esta soflama antisocial y antihistórica parida por la cúpula del PSOE; si de verdad querían memoria histórica, que hubiesen empezado en 1982 poniendo los medios para que la Transición no se quedase en un simple cambio de régimen – excepto en la España de las ventanillas clientelar y nepotista heredada del franquismo, que esa la han multiplicado por 17, por la vía constitucional, y por 2, por la vía de la administración  paralela –, comenzando por vaciar barrancos, cunetas y perímetros de cementerios de cadáveres anónimos cuyos deudos tienen el mismo derecho que el resto de los mortales a dar digna sepultura a sus mayores. Porque, señores del PSOE, nuestra guerra civil no fue del todo una guerra, que chirría bastante a la razón un conflicto armado en el que hubo casi tantos muertos fuera del campo de batalla como caídos en el frente. Ahora bien, comprendo que eso “no les mole”, pues supondría reconocer que la crónica real de la II República y gran parte del cainismo hispano posterior les acusa de ser responsables, en parte, de la execrable limpia de supuestos “individuos de derechas” así, a la pasa, que dio lugar a la no menos execrable limpia de rojos así, a la contrapasa, que el muy detestable nacionalcatolicismo franquista propició conforme iba comiéndole terreno al ejército republicano y, posteriormente, ganada dicha infame guerra, continuada con métodos tan criminalmente luctuosos como el encarcelamiento preventivo y la posterior aplicación de la Ley de Fugas. Hasta la afamada División Azul fue mecanismo de erradicación de rojos del territorio nacional, que es sabido que gran parte de sus efectivos fueron voluntarios a la fuerza.

            Si desde 1982 a esta parte hubieran cumplido ustedes con su más elemental obligación para con la Nación, señores del PSOE, entonces sí que sería ahora buen momento para exigirle al Gobierno de España – aunque muy tarde ya para mis gusto – medidas efectivas de cierre de la reconciliación nacional al estilo de las adoptadas por la Alemania Federal tras los mucho más incalificables crímenes del nazismo. Entonces sí seríamos mayoría los que saldríamos a la calle a exigir que el Valle de los Caídos, coherentemente con su nombre, fuera reconvertido en un monumento memorial de todos los caídos por España, comenzando por sus constructores, miles de represaliados republicanos – incluidos no pocos falangistas joseantonianos – condenados a trabajos forzados hasta la extenuación, la muerte o la enfermedad crónica; y desde luego, seríamos muchos más los que les acompañaríamos en la decisión de retirar los restos de Francisco Franco de allí y entregárselos a su familia para que los sepulten dignamente donde tengan a bien, pero sin hacer desaparecer una lápida que, con sólo estar allí, ya explica la gran infamia de semejante monumento. Si quieren mi opinión, yo vaciaría ese sepulcro, lo llenaría de agua, símbolo ancestral de la vida, y colocaría en medio un pebetero permanentemente encendido, a ver si esa luz recuerda a los visitantes que, al final, la verdad siempre prevalece; pero es que además, tratándose de un monumento a los caídos por esta Nación de la estirpe de Caín, yo me cuidaría que lo fuese desde tiempos prerrománicos hasta la actualidad, poniendo especial énfasis en las miles de víctimas del terrorismo que injuriamos cada día que permitimos que se jalee y homenajee públicamente a sus verdugos. El Valle de los Caídos sería entonces un buen lugar para explicar 3000 años de sangre, sudor y lágrimas inocentes, ¿no creen?

            Pero no se molesten en responder, que les conozco tan bien que lo único que puedo esperar de ustedes es ese socorrido “fascista” excluyente y airado con que sus competidores en la necrofilia electoral española suelen zanjar cualquier cuestión que ponga en duda, si quiera, el endeble hilo argumental de sus salidas de pata de banco. Por suerte, o por desgracia, tendremos que ser otros los que, después de regenerada la Izquierda nacional que ustedes enterraron en aburguesamiento y bocabajo – por si le daba por resucitar que profundizase más en su sepultura al intentar abandonarla –, nos entreguemos a alguna comisión mixta de expertos, nacionales y extranjeros, que nos ayuden a cerrar definitivamente este aspecto histórico esencial en la verdadera Transición nacional que, gracias a ustedes, aún seguimos teniendo pendiente en esta vieja España que jamás tuvo culpa de la mala condición que tenemos los españoles. Lo de los expertos extranjeros lo digo, Sr. Sánchez-Castejón, porque como buen rojo aficionado a la Historia hace tiempo que aprendí que la Historia de España, desgraciadamente, parece más y mejor historia cuando nos la cuentan los de fuera. Ya sabe, la información es poder; y cuando esa información permite manipular los sentimientos, las filias y las fobias de la sociedad, es más prudente fiarse de quién no tiene nada que ganar ni perder con su relato, salvo el prestigio académico que busca con la exégesis en cuestión.

            Por todo lo dicho, y por mucho más que vd. sabe y yo me callo, háganos un favor, Sr. Sánchez-Castejón: “go home, please”.

            ¡Carpe diem!

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