Hasta los cojones

06/12/17 – Del blog de Carmen Álvarez – Por Antonio Jaumandreu (@Ajaumandreu)
“… ¡del encaje de los cojones! “Hay que encontrar la forma de que Cataluña encaje en España y se sienta cómoda”, no se cansan de decir”.

Pues sí. Hasta los mismísimos cojones de tener que aguantar en prensa y medios audiovisuales a unos políticos catalanes tachando a España, su gobierno y judicatura de fascistas y nazis. De contemplar cómo se da carta de naturaleza a una situación demencial, impensable en cualquier país de nuestro entorno, por la cual un prófugo de la justicia y un puñado de procesados en libertad condicional e incluso detenidos forman candidaturas electorales y participan en la campaña.

De la cantinela totalmente inventada de que Cataluña es una nación oprimida. ¡Salgan a la calle y miren a su alrededor! De la chorrada malintencionada de que España sigue anclada en el franquismo, cuando los únicos que no han hecho la transición en España son precisamente los nacionalistas.

Del insultante despilfarro que llevamos años soportando los ciudadanos catalanes, en forma de subvenciones, cargos a medida y ayudas a todo tipo de entidades dedicadas en cuerpo y alma a expandir la gloria catalanista por España y el mundo, comprando voluntades y colocando amiguetes, y a denigrar paralelamente la imagen de España.

De estar pagando a un gobierno autonómico para que no haya gobernado en absoluto durante los últimos años. ¿Qué ha legislado la Generalitat en los últimos cinco años? De haber tenido toda una elefantiásica administración con su ingente presupuesto volcada en el fin ilegítimo de la independencia, descuidando las competencias que justifican su existencia en perjuicio directo de sus ciudadanos. Recortes sociales por doquier, pero que no falte nada para TV3, para el Diplocat o para el Consell de Garanties Estatutàries y para las entidades pancatalanistas en Valencia y Baleares.

Del cuento chino de que España nos roba, cuando ahora corren algunos a pedirle a esa España que nos perdone la gigantesca deuda (¡prácticamente a interés cero!) con la que nuestra expoliadora nos ha estado manteniendo durante años.
De que algunos puedan decir impunemente que España amenazó con un baño de sangre si la independencia se proclamaba y de que se nieguen a rectificar pese a haber sido desmentidos por todo el mundo.

De que algunos jueguen a los exiliados y a los presos políticos, insultando la memoria de los que no hace tantos años sí lo fueron y la inteligencia de los que conocemos el funcionamiento del estado de derecho. Y de que pese a ello no vacilen en retratarse con terroristas convictos y en contratar a sus abogados de cabecera.

De que se utilice todo, absolutamente todo, para ensuciar la imagen de España, de que se hayan descubierto planes para hundir la economía española, de que se hable impunemente de inminentes atentados de falsa bandera para torpedear el maldito “Procès”. Mentiras, calumnias e insultos son el menú cotidiano que hemos de tragar.

De que se repudie el separatismo pero se idolatre el catalanismo, que es el origen último de todos los males, esa superioridad moral, intelectual y de toda índole que se arrogan los políticos catalanes y que los del resto de España parecen siempre dispuestos a comprarles babeando de emoción.

De los mil heridos que nadie ha visto. De las lecciones de democracia de quienes patean la constitución, el estatuto y hasta los dictámenes de sus propios letrados.

De la pedantería insufrible de quienes presumen, sin fundamento alguno, de una cultura superior en todos los órdenes a la de sus vecinos. De la arrogancia sin límites de quienes ahora insultan a las instituciones europeas simplemente porque no parecen proclives a plegarse al diktat catalanista, después de haber dicho que se pelearían por tenernos en su club.

Del Barça y su patética directiva, vendida en cuerpo, alma y camiseta a la causa secesionista, convertida en brazo deportivo del proceso separatista, ignorando a la mitad al menos de su masa social.

De los referentes sociales que en el mundo del deporte, la cultura y la comunicación se mantienen cobardes y equidistantes, con silencios estruendosos.

De TV3 y su nómina de sectarios propagadores de odio bajo el manto del humor, ese humor triste y agrio que destilan.

De escuchar a todas horas, en cuanto se reúnen más de cinco separatistas, el himno más triste y siniestro del mundo. De ver a los alcaldes agitando sus varas de mando a favor de la independencia despreciando a la parte de la ciudadanía a la que también representan.

Y finalmente, y casi diría que por encima de todo, del encaje. Permítanme que me recree en la grosería que encabezaba este artículo: ¡del encaje de los cojones! “Hay que encontrar la forma de que Cataluña encaje en España y se sienta cómoda”, no se cansan de decir. Damas y caballeros: el encaje de Cataluña en España es precisamente la Constitución cuyo aniversario hoy se conmemora. No necesitamos nada más, Cataluña como tal no es sujeto del que pueda predicarse la comodidad. La mayoría de ciudadanos catalanes nos sentimos perfectamente cómodos en España y no necesitamos ningún tipo de encaje. El encaje es la acción de encajar algo en otra cosa, y Cataluña no es otra cosa respecto de España. El que no se sienta cómodo en España siempre tiene la posibilidad de largarse a otro país. Y si no, la de intentar adaptarse al entorno en el que le ha tocado vivir, que es por cierto uno de los mejores del planeta en todos los aspectos. Que ya está bien de chorradas, hombre.

Hasta los cojones me tienen. Ya está.

Blog de Carmen Álvarez Vela

“… ¡del encaje de los cojones! “Hay que encontrar la forma de que Cataluña encaje en España y se sienta cómoda”, no se cansan de decir”.

Pues sí. Hasta los mismísimos cojones de tener que aguantar en prensa y medios audiovisuales a unos políticos catalanes tachando a España, su gobierno y judicatura de fascistas y nazis. De contemplar cómo se da carta de naturaleza a una situación demencial, impensable en cualquier país de nuestro entorno, por la cual un prófugo de la justicia y un puñado de procesados en libertad condicional e incluso detenidos forman candidaturas electorales y participan en la campaña.

De la cantinela totalmente inventada de que Cataluña es una nación oprimida. ¡Salgan a la calle y miren a su alrededor! De la chorrada malintencionada de que España sigue anclada en el franquismo, cuando los únicos que no han hecho la transición en España son precisamente los nacionalistas.

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