@spiriman

 

Opinión – Essaí (Pedro José Navarrete) 15 de Octubre de 2017

 

           DML9fRKW4AECZY6 Hoy mismo he tenido la oportunidad de volver a acompañar al Dtor. Jesús Candel, en persona, en su titánico esfuerzo colectivo por plantar cara al régimen socialista de la Junta de Andalucía en materia específica de sanidad pública; y lo he hecho con algunos compañeros de partido, todos a título personal, además de como usuario crónico e involuntario de la sanidad andaluza menguante y como ciudadano anónimo miembro de su asociación. Por mi parte, pese a la esperable merma de efectivos manifestantes tras la abrupta ruptura del Dtor. Candel con la fuerza política que todo lo infiltra hoy en España – su infraestructura en rr.ss. ha sido vital para convocatorias masivas anteriores –, la asistencia a la larga marcha de unas 20.000 personas y la constatación de la consolidación estructural y funcionarial de la asociación a nivel andaluz me ha reafirmado en mis muy discutibles tesis.

            Me reafirmo, pues, en mi tesis de que el Dtor. Jesús Candel, honrosa persona a la que no tengo el gusto de conocer, es un especialista de las urgencias hospitalarias de Granada que se queda en casa cada vez que @spiriman tiene que oficiar de quijote sanitario presto a estrellarse contra gigantes y molinos que fuera preciso enfrentar; porque, tristemente, ese histriónico papel de antihéroe escatológico de las calles y las rr.ss. es el único modo de sacar del acomodamiento y el fatalismo a una sociedad granadina, y andaluza por ende, que sigue actuando como si los servicios públicos fuesen dádivas munificentes de los dueños del Poder, olvidándose estultamente de que a esos “dueños del Poder” los ponemos nosotros con nuestros votos y los hacemos nosotros fuertes, en sus mullidos escaños, con el incomparable calorcico de un presupuesto autonómico que sale religiosamente de nuestro bolsillo para caer anualmente en sus garras. Sería saludable, por tanto, que todos comenzásemos a distinguir a @spiriman del Dtor. Candel y no caer en la trampa de pensar que el hábito hace al monje. Eso nunca ha ocurrido.

            Igualmente, me reafirmo en mi tesis de que yerran puerilmente todos aquellos que ven en el “talibanismo antipolítico de Spiriman” un síntoma evidente del prurito narcisista de todo quijote que, secundado por la masa social, acaba sintiéndose el Zeus de un Olimpo de asfalto y zapatillas deportivas que sólo sirve para mayor honra y gloria de su ego henchido; porque de ser así, ni su asociación recabaría fondos para, entre otras cuestiones, tener capacidad de defensa jurídica ante los furibundos ataques que está sufriendo, y que sufrirá, ni serían cada vez más numerosos los funcionarios de la sanidad andaluza que se están jugando el prestigio y hasta la carrera profesional por secundar la lucha de nuestro buen histrión. Antes al contrario, mi larga biografía de activismo político me advierte de su buen criterio, pues de comienzos de siglo a esta parte he podido comprobar, en persona, cómo PP, PSOE e IU se han entregado con fruición a lo que los trotskistas denominaron “entrismo”, es decir, infiltrar sistemáticamente el asociacionismo civil para desvirtuar su espíritu, digerir su fuerza, fagocitar su potencial electoral y desactivarlo políticamente como plausible amenaza que es para la autoperpetuación de un sistema de poder que la partitocracia entiende como una contienda sin cuartel por la llave de la caja de caudales.

            Como corolario de lo anterior, desde mi doble condición de cargo institucional y de cargo orgánico de UPYD y tras comprobar los efectos sobre el terreno que ha tenido la coincidencia de la ruptura total de Spiriman con la política – por tanto, la automática retirada del apoyo movilizador de masas por parte de Podemos – y mi abstención de promocionar en esta ocasión, en rr.ss., esta digna lucha por un servicio público vital para la sociedad andaluza, me reafirmo en mi tesis de que hay causas que por su naturaleza han de ser preservadas de cualquier contaminación política; es decir, Spiriman tiene tan claro que los partidos políticos deben ser ajenos a la lucha desigual de la sociedad andaluza por una sanidad regional universal y de calidad como el Dtor. Candel tiene meridianamente claro que esa misma lucha resultará estéril sin el concurso de los partidos políticos, teóricas correas de transmisión desde la soberana voluntad social hacia las instituciones que juraron servirla lealmente. O lo que es lo mismo, Spiriman y su movimiento, realmente, están allí donde comenzaron: sacándole los colores a los políticos andaluces y exigiéndoles que cumplan con su cometido; porque no ponen en entredicho nuestra democracia con sus instituciones, sino el uso perverso y el abuso continuado que cierta “casta política” está dando a un bien común de primer orden: la sanidad pública.

            En resumen, que la marcha de hoy me ha servido como catarsis personal para retomar el pulso allí donde lo dejé y, aparte de mi compromiso pecuniario con la lucha de Spiriman/Candel, regresar a la autodisciplina anónima que me llevó a ser, en convocatorias anteriores, uno de los activistas de rr.ss. que con más penetración apoyaron a las amplias convocatorias populares a las que nos tiene acostumbrados nuestro buen histrión; porque, a fin de cuentas, será la historia la que nos vaya poniendo a cada uno de nosotros en nuestro justo lugar, nos apedillemos Candel o nos llamen @spiriman.

            ¡Carpe diem!

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