Defender la democracia ya y sin excusas

 

Manuel Vicente NavasDib2

 

21/09/17 – Opinión – Manuel Vicente

 

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El segundo golpe de Estado que sufre la democracia española en el último medio siglo debiera suponer para la población de España sacudirse los complejos que nos dejó el franquismo y asumir la conciencia patriótica que se vive en cualquier país del mundo sin que mencionar las palabras ‘patria’, ‘bandera’, ‘himno’ tenga reminiscencias de la época dictatorial. En la reciente celebración del Día de Cataluña, la quema de una bandera de Francia por parte de radicales independentistas supuso la inmediata queja de autoridades galas que incluso han llegado a pedir la disolución de la organización juvenil que protagonizó dicho episodio. Si remontamos la memoria un poco más atrás podremos recordar que dos ciudadanos españoles tuvieron serios problemas con la justicia de Letonia por una gamberrada con su bandera.

España es casi el único país del mundo en el que un sector de la población considera que la bandera es “un trozo de tela” y nos afean a aquellos que la portamos desde su creencia de que es símbolo de una ideología antidemocrática. Se trata de ese sector de la población que parece querer quitarse el complejo de que el dictador Franco muriera plácidamente en su cama a base de despachurrar conceptos y considerar que la República es de izquierdas y la monarquía de derechas, o que la defensa de la unidad nacional es propio de fascistas y su ruptura es algo muy democrático.

Frente a quienes retuercen las ideas de esta manera poco se puede hacer: ni su  mente ni su voluntad están capacitadas para cambiar. Sin embargo, aquellos otros españoles que pretendemos dejar a nuestros hijos la vida plácida y pacífica que nos ha traído la Constitución que aprobamos en 1978 nos encontramos con la afrenta de estos sectores que, con el pretexto de enriquecer la democracia, están dispuestos a destrozarla basándose en sus premisas falaces. Defender a España es defender a nuestra democracia y al estado de bienestar que hemos sido capaces de construir durante 40 años, de ahí que nunca pueda ser motivo de escarnio el hecho de portar nuestra bandera o proclamar un grito a favor de nuestro país.

Los españoles que somos capaces de gritar ¡Viva España! sin darle entonación marcial y que nos negamos a identificar esa exclamación con el ‘tejerazo’ de 1981 no podemos arredrarnos hoy frente a quienes quieran despreciarnos. No somos nosotros los que nos alejamos de la forma de pensamiento predominante en nuestro entorno europeo. Ningún alemán deja de defender a su país porque Hitler cometiera las mayores atrocidades de la Historia reciente; ningún francés esconde la tricolor por mucho que presidiera los cadalsos en los que Robespierre instalaba sus guillotinas; ningún norteamericano deja de cuadrarse ante sus barras y estrellas por mucho avergonzado por su pasado de esclavitud.

Precisamente el contexto en el que se encuentra España requiere más que nunca que los españoles sacudamos complejos y hagamos el ejercicio de defensa de nuestro país, de nuestra democracia y de nuestro estado de bienestar que haría cualquier país de nuestro entorno. De hecho, eso es lo que están esperando en la Unión Europea, que volvamos a darle la razón a Bismarck.

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