¿ISLAMOFILIA?

cropped-foto-busto

Essaí: 25 de Agosto de 2017

 

            Con motivo de los atentados de Cataluña di mi opinión personal sobre la ISLAMOFOBIA, ese ramillete de sentimientos contrarios a todo lo que pudiera sonarnos a Islam, por poco que conozcamos de él, que está creciendo por toda Europa como una suerte de nacionalismo religioso al que el ínclito de Vladimir Putin se ha sumado recientemente como lanza y escudo geopolíticos pues, como todo nacionalismo, la islamofobia necesita del solar europeo como propiedad patriarcal en la que enquistar nuestra divisa cristiana frente a ese enemigo exterior, malo malísimo de la muerte, que ahora es el Islam. Desde luego, a mí no se me oculta que en esta decadente civilización occidental bien puede ser un neonacionalismo de fondo religioso el que venga a justificar la codicia geopolítica de ciertas élites. Únicamente espero que la población europea no caiga en la trampa.

            Ahora bien, la trampa está tendida. En una Europa posmoderna con pesar de conciencia por su lamentable pasado colonial en África y Ásia, se está alzando entre la izquierda más reaccionaria un complejo sentimiento contrario: la ISLAMOFILIA, o inconsistente manojo de sentimientos favorables a todo lo que pudiera significar Islam, por desconocido que sea, que, fundado desde el pesar de conciencia de las cruzadas y la nada amable hegemonía católica continental, viene a sustituir al anticlericalismo del siglo XX como fundamento y argamasa intelectual contra un orden de cosas que no son del agrado de estas fuerzas políticas que, desde la óptica lamentable de pueblos oprimidos, esgrime un ciego anti-nacionalcatolicismo que, aparte de dejarla en ridículo cada vez que abre la boca al respecto, amenaza con devolver a Europa a las trincheras. Obviamente, de toda esa izquierda reaccionaria, la española es, con mucho, la más ridícula, pues al pasado colonial e inquisitorial le añade los ocho siglos de al-Ándalus, según ella, propiciados por la madre de todas las cruzadas.

            En este orden de cosas, yo no sé si reírme o llorar, que sólo sé que esto comienza a lucir tintes tragicómicos. Ni admito la islamofobia, pues supone coger la parte por el todo y, apriorísticamente, imputar a todo musulmán la culpa de los crímenes cometidos desde el Islam, y digo “desde” porque el llamado yihadismo no es más que una consecuencia más del islamonacionalismo tardofeudal que crece en el mundo y no solo en respuesta a los desmanes del pasado colonial europeo y, por ende, norteamericano, sino por simple despertar de la geopolítica propia de la Guerra Fría; ni admito la islamofilia, que esto supone olvidar, premeditadamente, que los principales opresores de los musulmanes actuales son sus reyes y ayatolás, esos aristócratas y clérigos guerreros que les tienen encadenados a una pertinaz Edad Media que, consecuentemente, tiene sumidos a sus fieles en una condición infrahumana que ha tiempo que los europeos abandonamos. La ignorancia y la escasez de recursos personales son el caldo de cultivo de eso que no comprendemos pero que tememos en forma de amenazas y atentados.

            Por supuesto, es mascarón de proa de la islamofilia hispánica, la más beligerante de todas las islamofilias, la legendaria suposición de la pacífica convivencia de civilizaciones que hizo posible al-Ándalus, esa estupidez supina que sólo sirve para poner de manifiesto el grado de manipulación histórica al que hemos estado sumidos los españoles: desde el nacionalcatolicismo secular, primero, y desde el anti-nacionalcatolicismo rojazo, después. Sin embargo, a poco que uno conozca la Historia de España y sepa leer entre líneas, sortear lagunas malintencionadas y vadear abismos doctrinales interesados, encuentra en los procesos históricos razones sobradas para reinterpretar los datos en su justa medida. Así pues, lo primero que uno comprende es que la existencia de un protectorado bizantino en Andalucía Oriental y las necesidades militares del rey Rodorico frente a los aspirantes visigodos a su corona y las imperiosas necesidades marwaníes (omeyas) de poner sus vidas a buen recaudo lejos de las garras de la Revolución Abbasí que los destronó del Califato de Damasco, todo en plena expansión del Islam, fueron el desencadenante de la llegada de los musulmanes a Hispania con ánimo de quedarse para siempre.

            ¡Ya está bien! Que 40.000 jinetes en tierra extraña tardasen sólo 40 años en someter a 3 millones de hispanos y poner en jaque la integridad del trono franco sólo fue posible por varias razones: primera, seguían un plan de conquista muy bien trazado; segunda, 37.000 de esos jinetes eran beréberes, luego culturalmente muy próximos a los iberos y procedentes de paisajes mediterráneos muy similares al hispano; tercero, y principal, la profunda repulsa hispana hacia un feroz feudalismo herético visigótico que tenía sumida a la Península en un estado de guerra permanente; cuarto, a la importante colonia sefardí, sentimentalmente más próxima al ideal político grecolatino de los invasores que al puño de hierro visigótico; quinto, al propio ideal político grecolatino portado por los omeyas, que se mestizaron hasta las trancas, con sólo llegar, demostrando que habían aprendido la lección colonial romana muy bien; sexto, las consecuencias terribles de oponerse frontalmente a su dominación, con clanes familiares de la aristocracia gótica pasados enteros a cuchillo y sus fortalezas derruidas hasta los cimientos; séptimo, un nuevo arte guerrero, mucho más versátil y operativo que la pesada caballería gótica; y octavo, precisamente, que apenas mil de esos jinetes, árabes del norte, atesorasen toda la legitimidad política de la invasión y, consecuentemente, desde un nacionalislamismo fatimí, se constituyesen en una inframinoría política obligada a no tensar demasiado la cuerda.

            La convivencia de civilizaciones en al-Ándalus fue la virtud que vemos en toda necesidad y, de hecho, un virtuosismo tan inestable que, aparte de enseñar el camino del nacionalcatolicismo a los rescoldos de la vieja aristocracia guerrera hispana, germen de la madre de todas las cruzadas, fue causa de dos sangrientas guerras civiles andalusíes que siempre acabaron fragmentando Hispania hasta lo indecible. Que la amplísima población mozárabe – cristiana bajo administración árabe – se nos antoje muy respetada por el califato cordobés no es más que el reflejo del temor que supuso para los omeyas tamaña descompensación numérica sobre la que se asentaba la propia fragmentación del poder islámico con: una abrumadora mayoría ber-ber que sólo podía aspirar a alcanzar las más altas dignidades militares; un nutrido grupo de árabes yemeníes (del sur), que únicamente podían aspirar a las más altas magistraturas religiosas; y una minoritario elenco de príncipes marwaníes (árabes del norte) que, en razón de su preeminencia política, habían entroncado con lo más granado de la rancia aristocracia hispánica, aquella que se romanizó para alcanzar al poder y que luego se islamizó para acrecentarlo y consolidarlo. El éxito de la difícil convivencia religiosa en al-Ándalus estribó, pues, en el mestizaje de las élites, en el miedo de dichas élites a la abrumadora mayoría poblacional cristiana y a una población sefardí adueñada de la administración y la economía califal, es decir, a un inestable equilibrio de fuerzas que sólo el irracional empuje del nacionalcatolicismo castellano iba a poder dinamitar, precisamente, desandando el camino político y militar musulmán a base de soldadesca de fortuna, señoríos, donadíos y regalías cobrados con la sangre inocente de muchos mozárabes que oficiaron de lo que hoy llamaríamos “daños colaterales”.

            Ningún sentimentalismo humano es identitariamente tan poderoso como un dogma de fe, en sí mismo imposible de demostrar, pero con un poder segregatorio de la sociedad que ni la lengua ni el credo político pueden emular. Así pues, enarbolar desde la “izquierda” la islamofilia como una posmoderna forma de anticatolicismo, ahora que la curia vaticana hace lustros que abandonó su prurito estamental de hacer política desde los púlpitos, o peor aún, hacer de cierta islamofilia censal, desde la derecha aldeanista, una fuerza electoral contraria al Estado que se quiere derribar, no puede traernos otra cosa que un lento y doloroso regreso a las cavernas medievales europeas, pero sin la debilidad política y militar que el Islam tuvo en aquellos siglos de su nacimiento. Y desde luego, volver a plantear la lucha de clases desde una óptica religiosa sólo puede traernos consecuencias devastadoras a la vieja Europa y sin sentidos tan ridículos como que la Madre Rusia se erija en lanza y escudo de una Europa Cristiana cuando no hace tanto que poblaba gulags y cementerios europeos con curas ortodoxos y católicos.

            Desengañémonos: no hay más garantía posible de convivencia que el Estado de Derecho y este únicamente entiende de ciudadanos corresponsables de la evolución y el recorrido histórico del mismo. Hasta el Papa Francisco, no ha muchos meses, exigió vehementemente la laicidad del Estado como primer gran paso hacia la pacificación social de la que dependen, en última instancia, la prosperidad y el progreso de la Humanidad; y creo que con buen criterio eclesiástico, pues que en sí mismo parece profundamente blasfemo usar a Dios para justificar leyes, doctrinas y actos humanos que únicamente buscan el poder terrenal y la supremacía étnica y “cultural”. Claro, que un segundo gran paso sería dar el mismo tratamiento geopolítico a Arabia Saudí que el que se viene dando desde finales del siglo pasado a Irán, pues lo mismo da que un puñado de clérigos se hagan con el poder terrenal a que una dinastía promueva un sectarismo islámico, ciegamente beligerante, ajustado a sus intereses políticos y hegemónicos.

            ¡Shalom haberit!, ¡salam alaik-um!, ¡pax vobiscum!

            ¡Carpe diem!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s