DIÁSPORA VASCA (III). La nueva vida. Texto de Eugenio Narbaiza 

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Publicación original en: No me resigno. Blog de Carmen Álvarez Vela

Después de contar qué es la Diáspora Vasca, las razones que originaron la misma a causa de la banda terrorista Eta y el nacionalismo, en esta tercera entrega, intentaremos profundizar sobre las consecuencias que sufrieron, quienes por las razones ya conocidas, tuvieron que abandonar su residencia en tierras vascas, para instalarse en otros lugares de la península, empezando una nueva vida, que en algunos casos, les obligaba a partir de cero, mientras que en otros, continuaban su labor empresarial o profesional, en el caso de que no hubieran perdido su puesto de trabajo

La primera dificultad con la que se encontraban estos vascos exiliados, era la de adaptación al medio, aunque en muchos casos, ya conocían el lugar elegido, teniendo en cuenta que o bien era su segunda residencia o lo habían visitado en numerosas ocasiones. Durante el inicio de su estancia, intentaban pasar desapercibidos y mantenían sus “vicios de seguridad”, mirando cada momento debajo de su coche, intentando que el correo estuviera controlado, no desayunando siempre en el mismo sitio o no situándose jamás cerca de la puerta de un establecimiento de hostelería, cuando salían a tomar algo. Procuraban que su nueva residencia, apenas fuera conocida en su lugar de origen por los familiares directos, no tocando en muchas ocasiones su empadronamiento en su lugar de nacimiento, aunque poco a poco, dadas las circunstancias del devenir diario, se integraban en su nuevo hogar con todos los derechos que precisaban, aunque mirando siempre de reojo, a no perder sus raíces vascas, con la ilusión de poder regresar algún día nuevamente a casa, aunque inicialmente, sentían un rechazo tremendo tanto a su tierra, como a todo lo que sucedía en ella.

Quizás, el aspecto más doloroso que han venido sufriendo estos vascos a lo largo de los años, haya sido precisamente el hecho de que durante todo ese tiempo, los atentados se iban sucediendo y que esa situación, les suponía un mazazo moral importante, pero a esto había que unir en ocasiones, la incomprensión de personas que desconocían la situación que habían vivido en el País Vasco, lo que empezaban a sufrir por una segunda causa, la necesidad de demostrar que ellos no eran como la mayor parte de la sociedad vasca, que miraba a otro lado, o que se callaba ante las muertes que se producían, de una manera cobarde e incomprensible.

Por otro lado, en la mayoría de los casos, apenas regresaban al País Vasco más que a visitas fugaces, puesto que resultaba un verdadero peligro, dado que se han producido algunos atentados de estos exiliados a  pocas horas de haber regresado a su pueblo para pasar apenas un par de días, como es el caso de José Larrañaga Arenas, Josetxiqui, quien estando exiliado en Logroño por haber sido del equipo de trabajo del ex ministro de Asuntos Exteriores y diputado por Guipúzcoa Marcelino Oreja Aguirre, apenas dos horas de volver a Azcoitia en 1981 para pasar la Nochevieja en familia, fue asesinado por un comando etarra, mientras que se encontraba chiquiteando con sus amigos, previo a la cena familiar de fin de año.

Con el paso del tiempo y a medida que se han producido acontecimientos que han dado lugar a que la banda asesina Eta dejara de matar, muchos de estos vascos, abrieron las esperanzas de un posible regreso a su tierra, si el clima mejoraba, pero lo cierto es que como todavía sigue la presión del nacionalismo y del abertzalismo en los pueblos, aunque no se nota tanto en las capitales, estos vascos no regresan  a su tierra, pero en el fondo de su alma y corazón, mantienen un reproche hacia los políticos, porque nadie se acuerda de ellos. En algunas ocasiones, cuando se han barajado las cifras del número de exiliados, difícil o imposible de cuantificar, pero se habla de unas trescientas mil personas que se han visto obligadas a marcharse fuera de su tierra, se dice que con ellos, el nacionalismo perdería el poder hegemónico que tiene desde el inicio de la democracia, puesto que se considera que sus votos, corresponderían a partidos de ámbito nacional, bien sea de la izquierda o de la derecha, pero lo cierto es que desde el gobierno, no se ha propiciado esta medida de intentar una vuelta de los exiliados ni mucho menos, intentar que ellos pudieran votar en el País Vasco, ya que en casi todos los casos, están empadronados en sus lugares de residencia, pero estarían encantados de volver a restituir sus derechos civiles en calidad de ciudadanos de su tierra natal.

Ahora, en estos momentos, las perspectivas de vuelta quedan prácticamente anuladas, debido a que el abertzalismo radical, nuevamente está siendo protagonista y está ejerciendo una presión fuerte, dura e incisiva en el interior de las provincias, sin que se vea que desde el gobierno, se tomen las medidas adecuadas para evitar estas situaciones, como por ejemplo lo que está pasando hoy mismo en Echarri Aranaz en Navarra, en donde se ha permitido que se celebre unas jornadas de “tiro al facha”.

¿Se puede imaginar el daño moral, psicológico y la tristeza que situaciones como esta generan a esos vascos exiliados? Con esta pregunta, acabo el capítulo de esta semana, para preparar otro pequeño relato y reflexión sobre LA DIÁSPORA VASCA A CAUSA DE ETA.

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