LA EDUCACIÓN COMO MONEDA DE CAMBIO O COMO ARMA ARROJADIZA

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05/06/17 – Carlos Ferrera Alonso – Portavoz Grupo Político Municipal UPyD Cantillana (Sevilla)

Muchas son las conversaciones en las que se trata el tema de la educación pública y su no demasiada buena salud. Una situación que posiblemente no mejore mucho.

Lo que estamos viendo estos días, en cuanto a declaraciones de intenciones o movimientos en todo lo relacionado con la investidura del presidente, la conformación del gobierno, acuerdos, pactos, etc. , hace llegar a la conclusión (o mejor, temer) que una de las pocas monedas de cambio, si no la única, va a ser precisamente la Educación.

Y esto, que en un principio podría incluso tomarse como algo positivo (por aquello de la negociación y el acuerdo, el trabajo conjunto de los distintas fuerzas políticas en pro de la ciudadanía, y otros romanticismos similares) se antoja más bien negativo en cuanto a que se ve difícil que los 17 chiringuitos lleguen al acuerdo en algo que, tratado desde la perspectiva del acopio de poder autonómico, es demasiado atractivo, beneficioso, rentable y, por tanto, difícil de compartir y acordar.

Ojalá nos equivoquemos, pero mucho nos tememos que la educación será campo abonado para las concesiones a cambio de la no modificación excesiva de políticas y líneas marcadas en otros ámbitos como, por ejemplo, el económico, el laboral y alguno más.

Algo similar a las concesiones que todos los partidos gobernantes hicieron en alguna ocasión (durante al menos los últimos 20-30 años) a esos partidos “nacionalistas” que ofrecían estabilidad al gobierno a cambio de ver cumplidas, cada vez más, sus aspiraciones. Situación ésta que ya estamos viendo a dónde nos ha llevado, y en la que todo el arco parlamentario (o casi todo) ha ido siendo responsable en mayor o menor medida.

La educación como moneda de cambio: ese es el peligro. Por lo que implica de concesión asimétrica a cada una de las comunidades con competencias, por lo que implica de ahondamiento en la desigualdad, por lo que implica de continuismo en una burocracia y unos procedimientos asfixiantes cuyo único objetivo es (cada vez con más claridad) seguir profundizando en ese proceso de adoctrinamiento en el que cada comunidad autónoma está convirtiendo, o ha convertido hace tiempo, su política educativa (y no es ésta una actitud exclusiva de aquellas comunidades en las que el independentismo campa a sus anchas, sino de la práctica totalidad de ellas).

Y, en medio de este mercadeo, el profesorado. Esa parte del profesorado que cree firmemente en una educación pública de calidad (sin olvidar este último adjetivo). Un profesorado que intenta desarrollar con dignidad su trabajo, un trabajo que para muchos se hace cada vez más ingrato, menos reconocido, ….. y más frustrante. Porque pasan de ser educadores, profesores, maestros ……. a meros transmisores de la doctrina oficial establecida en los currículos y la norma que les ahoga. Desposeídos de toda autoridad y consideración.

Aun así, tal vez no sea necesario ser tan pesimista. Cabe otra posibilidad, y es la de que aquello de “buscar un pacto por la Educación” cale de verdad en todos los grupos parlamentarios (incluidos los que lo pregonan) …….. aunque de momento es razonable dudarlo: el pragmatismo voraz de la política mediocre, cortoplacista y excluyente puede llegar a ser desolador.

En otro orden de cosas, aunque dentro de la misma problemática, están los movimientos como la “huelga de deberes” y otros similares, generalmente promovidos y llevados a cabo desde organizaciones “sociales” que dan la impresión de responder a manipulaciones con un color político cada vez más nítido.

Movimientos que se prestan a interpretaciones cada vez más simplistas y panfletarias que además, y en muchas ocasiones, terminan planteando el problema de la educación en España en términos de un mero (y erróneo) enfrentamiento entre padres y profesores (lo que sería, esto último, un gran error que sólo beneficiaría a quienes sustentan o fomentan estas cuestiones, que no son, entiendo, ni la mayoría de los profesores ni, eso espero, la mayoría de los padres).

En cuestiones como esta de los deberes, y otras similares, creo que estamos ante otro escenario distinto al de la “educación como moneda cambio”. En mi opinión, en esto de los deberes, y cuestiones similares, asistimos a la “educación como arma arrojadiza”. Creo que es fácil llegar a la conclusión de que ninguno de ambos escenarios es útil ni beneficia a una educación pública de calidad.

Enfrentamientos “prefabricados” que sólo benefician a quienes los “diseñan”.

En definitiva, parece que aún estamos lejos de soluciones de consenso, para todos, que respondan a verdaderos criterios de igualdad, estabilidad, progreso y calidad: muchos son quienes usan la educación como moneda de cambio o como arma arrojadiza.

Y mientras, en medio de la pelea, un colectivo, el de los maestros y profesores, piedra angular en la que fundamentar esa Educación que verdaderamente necesitamos.

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