¡¡¡Invictus!!!

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28-05-2017 – Pedro Navarrete

Si cosas buenas tiene ser un radical es que uno es radicalmente tolerante; pero no es bueno confundir la tolerancia, esa radical buena educación, con la indignidad de no decir basta cuando la concurrencia, vilmente, te exige con su recalcitrante contumacia elegir entre ser diplomático o ser un pusilánime. Y no es el caso, que el buen radical sabe cuándo echar el pie adelante y poner en su sitio al mismísimo diablo si preciso fuere, pues sabe que una vez rendida la dignidad, es verdaderamente difícil recuperarla.

A comienzos de 2015 le dije a un compañero de UPYD que nos esperaba un lustro políticamente muy movido, aunque socialmente muy interesante, y parece que no me estoy equivocando demasiado, cosa rara en mí; pero no he pasado en este partido todo lo que he pasado para tener que soportar que, casi tres años después de su marcha de nuestra organización, los causantes principales de nuestro fracaso, resentidos por su propia torpeza, continúen ganando notoriedad pública dando por muerto lo que tantos estamos reconstruyendo con meritorio éxito.

Que los mismos que quisieran cerrar UPYD en Enero de 2016 anden ahora luciendo el palmito en una plataforma digital que, supuestamente, intenta buscar para nuestra sociedad lo que ellos mismos quisieron malbaratar y los de UPYD mantenemos vivo contra viento y marea, tiene un pase; pero que miembros segundones del grupo parlamentario que no ha tanto tuvimos menudeen, por las redes sociales y los medios de comunicación, confundiendo proyecto con partido un segundo antes de dar a ambos por muertos de una sola tacada, a más de vindicar su culpa, torpemente, reivindica el valor de quienes hemos soportado el furibundo ataque de los dueños del sistema, desde fuera, y la ponzoña injustificada de politiquillos LOGSE como D. Julio Lleonart, paladín de sabotajes póstumos que no mencionaremos aquí por no aburrir al personal.

Y subleva esta enésima pataleta de patio de colegio porque coincide no ya con el año del III Congreso de UPYD, el de la separación de poderes y la renovación de la herramienta política, el partido, que ellos intentaron destrozar para que no pudiera seguir sirviendo al proyecto que ellos, neciamente, comprendieron haber perdido un instante después de abandonar el barco; para nada, pues me subleva porque coincide dicho pueril desprecio con la semana en que, tras haber sido renovada la estructura territorial en Andalucía a primeros de Mayo, UPYD ya ha sido capaz de elevar, por escrito, una pregunta al rocoso Parlamento Andaluz. Se ve que quien quiere, puede.

Sé que debe ser muy irritante que comiences a ver en televisión y prensa escrita que UPYD sigue al pie del cañón cuando tú fuiste responsable de comunicación en la época en que “caíamos antipáticos a todos los medios de comunicación”, mantra que se enarbolaba como excusa ante el afiliado antes incluso de que cualquier militante alzase la cabeza para preguntar; mas también sé que no hay agua que mueva molino dos veces y personajes de este dudoso nivel hablan muy mal de sí mismos cuando abrigan la remota esperanza de retornar el agua de nuestro proyecto político a su triste molinillo de cañas y barro. Se ve que les falta años en sus entendederas como cicatrices en sus biografías, porque confunden su anhelado País de Nuncajamás con una sórdida realidad política española que les supera con creces, juntos y por separado.

Si estuvieran bien instruidos, sabrían que los mejores reyes de España fueron aquellos que buscaron el consejo de pícaros y bufones y, andando los tiempos, en nuestro siglo de oro, los consejos leales de sátiros y comediantes; lo digo  por recordar que, esta misma semana, una revista satírica ha maliciado un guiño a UPYD desde la izquierda cívica, moderada, leal y sensata, que Ciudadanos nunca ocupó – nacieron para hacer daño apuntalando al bipartidismo – y que Podemos nunca aprenderá a ser – cada día los españoles los ven más como un akelarre de bajas pasiones propio del comunismo de tiempos peores -, marcando a nuestro Partido como el referente ideológico que el PSOE de Felipe González no pudo ser, entonces también, por sus grandes casos de corrupción. Y la misma semana en que Gran Wyomin, en su programa de El Intermedio, lo ha dejado aún más claro exhibiendo la bandera ajada y caduca del PSOE antes de sustituirla, luego, por la muy parecida, impoluta y en perfecto estado de revista de UPYD. Hay que entender a los cómicos, tan dueños de sus silencios – gestualidad – como esclavos de sus palabras – chascarrillo -, porque con ellos todo cuenta.

Un lustro le dije a mi querido compañero de partido y hoy transitamos justo por el punto medio. Toca, pues, agradecer a histriónicos papanatas e históricos resentidos que con sus recurrentes salivazos al cielo nos estén allanando el camino hacia la consecución de lo que todo partido radical, como UPYD, debe centrarse en aglutinar en torno a su proyecto político: una nutrida, trabajadora y sensata base social que mantenga vivo el proyecto pese a que, de cuando en cuando, cargos inhábiles o descuidados puedan torcer o romper la herramienta política que es UPYD, un partido político que se renueva cada cuatro años en su estatutariamente pertinente Congreso Ordinario Nacional.

¡Carpe diem!

 

 

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