Regeneradores increíbles

 

12/05/2017

ManuelSi la política respondiera efectivamente a su origen etimológico y fuera concebida como un ejercicio de servicio público, probablemente no estaría sujeta a las modas que aparecen con intermitencia en el devenir político. Cuando los actores políticos empezaron a caer en la cuenta de que su imagen ante los ciudadanos empeoraba progresivamente, pusieron de moda el término “desafección” frente al cual colocaron el concepto de “regeneración democrática”, como etiqueta que convenía utilizar sobre todo en momentos electorales para captar votos que permitieran mantener los mismos comportamientos corrompidos.

Con los años han visto los beneficios que comporta la “desafección” de unos ciudadanos hastiados de comportamientos deshonestos, cuyo desinterés por la actividad política permite a los actores disponer de privilegios y cometer todo tipo de fechorías sin coste alguno. La “desafección”, sin embargo, ha pasado de moda y ha permanecido la “regeneración democrática” como mantra que se emplea para invocar en los discursos al dios de la honestidad cuando la podredumbre aparece en exceso debido al descubrimiento de sustanciosos robos al erario público.

A la “regeneración democrática” recurre el Partido Popular a pesar de tener decenas de altos dirigentes encarcelados por ladrones, el PSOE pese a que pone desde la Junta de Andalucía todo tipo de obstáculos a la acción de la justicia, Ciudadanos aunque ejerce de muleta de ambos, y Podemos por mucho que su atrofiado concepto de democracia sea equiparable a la dictaduras bolivarianas latinoamericanas.

La desfachatez con la que los principales actores políticos se presentan como adalides de la honestidad es la evidencia palmaria de que la distancia entre regeneración y degeneración es sólo una letra, entre otras razones porque la degradación de sus  comportamientos afecta a todos los órdenes de su devenir cotidiano. Carece de credibilidad como regenerador aquel partido que dirime sus tensiones intestinas con la acritud con que lo hacen el PSOE o Podemos, donde se lamina al sector derrotado en una votación interna. Descalificado queda igualmente aquel otro que fundamenta su actividad cotidiana en el poder omnímodo de su líder a quien nadie osa contestar so pena de caer en el ostracismo y quedar denostado para cualquier tipo de ejercicio político, como ocurre en el PP y en Ciudadanos.

En Andalucía, todos ellos han conformado además una oligarquía partitocrática con comportamientos pseudomafiosos que llevan al aislamiento de quien se ha atrevido a desmarcarse de sus prácticas autoritarias, como le está ocurriendo a la parlamentaria autonómica María del Carmen Prieto. Cual aviso a navegantes para que se atenga a las consecuencias por si un segundo parlamentario se atreviera a desatender sus dictatoriales modos, el caso de Prieto sería catalogado de mobbing si, en lugar de ocurrir en el Parlamento de Andalucía, estuviera sucediendo en una empresa. Regeneradores increíbles, por tanto, son aquellos que olvidan que la dignidad de un representante del pueblo, elegido democráticamente, no es una consideración aleatoria a la que se pueda apelar a demanda de intereses sino que es un concepto absoluto cuyo debilitamiento puede abrir una senda peligrosa.

Manuel J. Vicente Navas

Coordinador

Consejo Territorial de Andalucía de UPYD

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