Pisar firme

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Es sorprendente y, en cierta manera, doloroso que en los tiempos que corren, más que nunca, necesitados de buena guía y liderazgos comprometidos y sinceros; las personas más íntegras, con valores consistentes, en cuanto a su coherencia, abandonan la política asqueados y decepcionados.

Aquellas personas que humildemente pretenden aportar a la sociedad y reclamar honestidad coherencia, trabajo y decencia, juego limpio, argumentos frente a los insultos, respeto mutuo y, por encima de todo, compromiso ciudadano dentro de una sociedad que podamos sentir como verdaderamente democrática, no pueden soportar la presión de la maraña de intereses, egos, poder, … y repudian visceralmente el servicio público.

La explicación es bien sencilla, los verdaderos valores democráticos sucumben fácilmente ante los populismos, que bajo muchas formas nos acechan. Populismos basados en las ideologías “de siempre”, construidas en ocasiones sobre sangre y dolor, de izquierdas, de derechas, …, populismos los hay de múltiples “pelajes” siempre que tengan en común “vender” mensajes que la gente quiere oír; solo por ese motivo. 

¿Será cierto aquello de que la democracia no sabe defenderse a sí misma? Cada vez tengo menos dudas. La falta de cultura democrática, la renuncia de los verdaderos demócratas, demolidos en sus sentimientos y conciencias, la desconfianza reinante en el conciudadano, …hacen cada vez más fácil el “trabajo” de las fuerzas que usando el juego democrático conspiran, de facto, contra el erosionando sus cimientos hasta hacerlo peligrar.  

Vienen tiempos convulsos, tiempos peligrosos donde por expresar opiniones legítimamente defendibles se “lapida” a personas. Tiempos donde se llama fascistas a los demócratas y se ensalza a terroristas. Tiempos donde no se suma, ni se resta, se va más allá, se divide y enfrenta. Tiempos donde la gente se siente sola aunque esté inmersa en una multitud. Tiempos donde los gritos de desesperación se ahogan en la espera y la impotencia y que, aún peor, se instrumentalizan para obtener una mayor cuota de poder en el reparto indecente.

¿Será verdad aquello de que la historia se repite? Espero que esta vez no, porque el camino que llevamos no es el de una sociedad más humana, más libre ni más democrática.

Espero que no, por el futuro de todos, porque el bienestar de todos está ligado a que sepamos desentrañar toda esta maraña y sepamos discernir entre lo subjetivo, lo objetivo y lo necesario o accesorio. El bien del mal, así sin más.

Termino con una cita de  José Luis Sampedro: “Porque es tocando fondo, aunque sea en la amargura y la degradación, donde uno llega a saber quién es, y dónde entonces empieza a pisar firme”.

Un artículo de Frederic Montseny Gola i Castell

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